Sexualidad en la infancia

La sexualidad en la infancia sigue siendo tema tabú. Pero existe. Y hay que desestigmatizarla.

 

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Ilustración de Laura Farlete

Hablar de sexualidad en la infancia no es habitual.

Es algo que da vergüenza, miedo, se considera tabú y, una vez más, se ve todo cubierto por un manto de oscuridad.

Por eso vamos a arrojarle un poco de luz al asunto. Basta de ningunear o -peor aún- estigmatizar esa parte tan importante de quienes somos, de qué sentimos.

Podremos escuchar a padres y madres hablar de si a su hije le ha salido un diente, si ha sufrido cólicos o no, si ha dado su primer paso o si ha descubierto que le gusta el tomate. Y más adelante podremos llegar a comentarios tipo: le gusta leer, se pasa el día jugando con el vecino con los muñecos de Star Wars o está todo el día liada con experimentos científicos.

Pero nunca escucharemos comentarios tipo: hoy estaba descubriéndose, hoy ha estado tocándose con su compañere, etc. La sexualidad en la infancia no existe.

Porque lo vemos mal.

Porque seguimos arrastrando con nosotres la idea de que es algo negativo o, al menos, es un aspecto totalmente privado de lo que no hay que hablar ni decir nada. Y si, además, se trata de la sexualidad en la infancia, aún más.

Pero ya sabemos que aunque algo no se nombre no significa que no pase.

La mirada adulta

Muchas veces ese es el problema. No es lo que hagan sino el significado que le da la persona que lo ve.

Algo tan inocente como puede ser la autoexploración de su propio cuerpo, si es en zonas del cuerpo como la boca o los pies parece lógico, pero si es en sus genitales nos llevamos las manos a la cabeza.

La infancia es una época de descubrimientos, de aprendizaje, de sentir y tocar, de observar y curiosear. Y así es su acercamiento al cuerpo, con esa intención.

Tu hije no es una persona depravada ni pervertida, no mira tu propio cuerpo ni el de cualquiera de su entorno con ningún tipo de intencionalidad depredadora tal y como lo pueden considerar algunes adultes.

Los juegos de niñes

Es muy habitual que les niñes empiecen a descubrir el placer con sus semejantes, porque no es raro que jugando pueda haber roces en los genitales. Con la pierna en el clítoris y siento gustito, que si se sienta encima y el pene reacciona.

Sucede.

No saben por qué, pero van descubriendo que haciendo A o B, aquello da placer. ¡Qué gran descubrimiento!

Luego está el “¿has probado a…?”. Y es que ya sea por autodescubrimiento accidental o porque alguien haga referencia a ello, prueban a tocarse y se lo cuentan entre elles y todes terminan probando eso de lo que les han hablado.

Si se puede hablar de ello, claro. Porque hay muchas personas que ya en ese momento sienten culpa, consideran que lo que hacen -aunque placentero- no está bien y se lo callan. Y a veces hasta lo sufren.

Creciendo juntes

Hablando con mujeres adultas, muchas reconocen que no es un asunto que hablasen. La sexualidad en la infancia no era un tema con su entorno ni de amistades ni, muchísimo menos, familiar. Que igual sí sucedía que jugando a ‘las casitas’, luego se tiraban en la cama y encontraban placer o que, deslizándose por el pasamanos de una escalera, ésta se convertía en una atracción mejor que las de la feria.

Pero no lo verbalizaban. Y entrando en la adolescencia menos.

Los hombres, sin embargo, recuerdan no sólo las primeras experiencias sino cómo se masturbaban juntos viendo algo e, incluso, los unos a los otros. Compartían comentarios de que habían hecho e incluso había quienes tomaban nota de cuantas veces a la semana.

Esta diferencia es debida a que la sexualidad en la mujer siempre ha sido peor vista. Eso no es algo que haga una “señorita”. ¡Ah! ¿No? Pues que nos borren de ese club del que no sabíamos ni que formábamos parte, gracias.

Normalizábamos que un compañero de clase dijese que se masturbaba pero que lo dijese una compañera era un escándalo y ya iba acompañado de unas connotaciones negativas.

Por eso las mujeres nos callábamos.

Por eso a día de hoy hay mujeres adultas que nunca se han masturbado. Porque han aprendido que eso no se “debe” hacer. Malditos “deberías”.

Educando

Basta ya de describir la sexualidad como algo por y para la reproducción. Y menos con cigüeñas que vienen de París que eso ya es el colmo.

Eduquemos durante la infancia en el placer, en la diversidad, en la desgenitalización, en la prevención de la salud, en el consentimiento y en las emociones que acompañan.

Eduquemos en el amor, respeto y cuidado hacia une misme y hacia los demás.

Creemos adultes sanes que sean felices dentro de su cuerpo, con su identidad, con su orientación.

Con su vida.

Y seamos felices todes.

3 Comentarios

  1. VIVA EL PATRIARCADO Responder

    Creo que la razón por la que la sexualidad no forma parte de la infancia es porque se tiene que llegar a un grado de madurez para poder llevarla a cabo (madurez en el cuerpo), y posteriormente, cuando ya son aptos para poder procrear son libres de elegir a que edad hacerlo.
    Recordemos que el ÚNICO proposito de la reproducción es preservar la especie, con lo cuál este articulo no solo es mierda inecesaria, sino que también es prueba de que la ignoracia es lo peor que puede existir, ya que gente como ustedes que no han tenido la capacidad de leer un libro de biología se inventan unas historias ridículas donde siempre quieren de una manera u otra victimizarse. Un asco, espero que violen y asesinen a todas las mujeres que escribieron y están de acuerdo con esto

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