Se debió de olvidar…

Recientemente Ana Ortiz ha escrito un artículo muy dañino para las mujeres llamado «Puta». Marta G. reacciona a tal despropósito de artículo.

Ilustración: Javitxuela

No se ni cómo empezar este artículo. Por dónde cogerlo, por dónde tirar, qué decir y qué no parar de repetir, porque, sencillamente, creo que se podría hasta escribir un libro dando respuesta a todo esto.

Hablo de el artículo “Puta” publicado en El Día, un periódico español editado en Santa Cruz de Tenerife, Canarias y que podéis leer pinchando aquí. Está escrito por una mujer llamada Ana Ortiz que es, sorprendentemente, psicóloga, terapeuta de pareja, sexóloga, especialista en maltrato y violencia de género… y alguna cosa más. Digo lo de sorprendentemente porque, ese día, cuando lo escribió, se debió olvidar de todo.

Se debió de olvidar de consultar la Real Academia para comprobar que la definición de puta que ella escoge no está en ella. ¡Ups! Y, de paso, se hubiese encontrado con la que se adecúa a su escrito, la que define puta “como calificación denigratoria”.

Se debió de olvidar de que las psicólogas no estamos ahí para hacer juicios de valor y, mucho menos, transmitirlos si lo hemos hecho. En nuestro trabajo tenemos que tener la mente abierta, escuchar con respeto, empatía y responder con asertividad. Eso se le debió olvidar.

Se debió de olvidar de que el maltrato y la violencia de género nace de una sociedad machista y que, con contenidos como el suyo, lo que hace es potenciarla y fomentarla.

Se debió de olvidar de que los hombres tienen más de una neurona, que además interactúan entre ellas y que, aunque le pueda sorprender, son capaces de controlar sus impulsos si quieren. No son seres inferiores que, los pobrecitos, se ven atrapados por mujeres maquiavélicas que les seducen y nada pueden hacer.

Se debió de olvidar de que la persona que quiere ser fiel lo va a ser, se le ponga quien se le ponga por delante. Que si no, si le cuesta la vida, si la única manera de serlo es encerrándose en su casa y apagando los dispositivos móviles, tampoco pasa nada. La monogamia no está hecha para todo el mundo.

Se debió de olvidar de que la persona que tiene pareja es la que tiene que respetarla y serle fiel a ella, si así lo han acordado.

Se debió de olvidar de que nadie elige de quién se enamora. No podemos decidir si queremos que sea de un hombre, de una mujer, de una persona soltera, casada, con pareja, con hijes, que viva en tu país o fuera, que le conozcas de hace años o hace días, que sea buen momento o que no. Ahí no mandamos.

Se debió de olvidar de lo que pueden sentir muchas mujeres leyéndola. Del daño que pueden llegar a hacer sus palabras.

Por eso quiero aprovechar a dirigirme a las “putas” de las que ella habla. A esas personas que se sienten libres de hacer y pensar lo que quieran. Las que saben que pueden seducir y ser seducidas. Y disfrutan de ello. Y a las que todavía no lo saben, para que lo sepan.

A las que comprenden que tener relaciones sexuales con una persona o con muchas no determina su calidad. A las que no juzgan ni quieren ser juzgadas.

A las que aman.

Porque todo esto, se le debió de olvidar.

1 Comentario

  1. LastDanz

    «Se debió olvidar de que los hombres tienen más de una neurona, que además interactúan entre ellas y que, aunque le pueda sorprender, son capaces de controlar sus impulsos si quieren.»
    No estoy de acuerdo del todo con esto. Hay personas alienadas hasta tal punto que en ocasiones no son dueñes de sus actos.

    Con esto no lis exonero de los delitos que puedan cometer. Sin embargo, amplío el foco: No sólo hay que educar y reinsertar ale títere: También ales titiriteres.

    La víctima de una violación es víctima. Eso nadie lo puede poner en duda.
    Pero ele violadore también es la mayoría de las veces víctima. De un sistema que li ha inculcado una educación que le ha llevado a dañar de esa manera a otra persona. Y ese sistema lo formamos todes (si bien no todes tenemos el mismo poder de influencia, y, por lo tanto, la misma carga de responsabilidad, por supuesto)

    Y con esto no digo que ele individue carezca de voluntad propia, de libre albedrío. En absoluto. Digo que, como tantas veces, nada es blanco ni negro. Y si es gris, no es blanco.

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