La manada somos nosotras

La manada no son los cinco acusados de una violación. La manada somos nosotras, todas las mujeres que estamos indignadas con el camino que se está llevando con este caso en los medios y en los tribunales.

Ilustración: Charlie de Nova

Madrugada del 7 de julio de 2016 en las fiestas de San Fermín, Pamplona. Una chica va con cinco chicos a los que ha conocido esa misma noche y que la están acompañando hacia su coche, donde ella va a dormir. Por el camino, la llevan hasta un portal y la obligan a realizarles felaciones, la penetran y graban todo. Al finalizar, le roban el móvil, dejándola indefensa. Más tarde escribirán a sus amigos en un grupo de Whatsapp denominado La manada jactándose de lo ocurrido y diciendo que ha sido una pasada de viaje porque han terminado follándose a una entre los cinco. Sus amigos les contestarán que sienten envidia, que esos son los mejores viajes.

Esta última semana se está celebrando el juicio sobre este hecho. Durante este año y pico, hemos asistido a un verdadero circo vergonzoso en los medios de comunicación. El hecho de que haya salido otro caso a la luz en el que estaban implicados algunos de los acusados, el de una chica en Pozoblanco que no se atrevió a denunciar porque su entorno no se creía lo que relataba, no ha impedido que desde muchos programas de tertulias se haya puesto constantemente en tela de juicio el testimonio de la víctima de Pamplona.

Durante todo este tiempo hemos podido escuchar cómo los violadores han defendido que el sexo fue consentido porque ella no ofreció resistencia. Yo me pongo en una situación así y, si me viera rodeada de cinco hombres con intención de abusar de mí, probablemente me quedaría bloqueada y haría lo que me pidieran por miedo a que, si me resisto, me puedan pegar o, incluso, matar. Estamos hablando de una víctima en clara situación de inferioridad, que no se nos olvide.

En el imaginario colectivo, una violación va siempre acompañada de golpes, violencia, una navaja en el cuello en un callejón oscuro, situaciones muy extremas. Pero violación son muchas otras cosas. Te puede violar tu marido, tu novio o un amigo. Puede que la víctima no oponga resistencia física, pero esto no implica consentimiento. No me queda ninguna duda de que esta chica fue violada a pesar de lo que los acusados y los medios puedan decir.

El culmen de este penoso tratamiento informativo ha llegado durante esta semana, la del juicio. Periodistas haciendo una encuesta en Twitter preguntando a la gente si creían que fue una violación o relaciones consentidas, programas de televisión difundiendo imágenes de los vídeos grabados por los violadores, tertulianas diciendo que en esta situación al final hay seis víctimas sean culpables ellos o sea culpable ella. Es lamentable que desde los medios se promueva sin pudor la cultura de la violación.

Además de esto, hemos podido saber que el juez que instruye el caso no ha aceptado los anteriormente mencionados mensajes de Whatsapp como prueba en el juicio, pero sí ha aceptado un informe de un detective privado encargado por las defensas en el que se analiza el comportamiento de la víctima tras sufrir la violación. Parece que si la chica ha rehecho su vida debería estar mintiendo sobre lo ocurrido; o al menos eso es lo que se desprende de la estrategia de la defensa. De este modo, se la victimiza doblemente porque sufrir una violación e intentar seguir adelante con tu vida parecen ser hechos incompatibles.

A pesar de la profunda indignación que me produce el tratamiento que se ha dado a esta noticia, hay algo que subyace debajo de todo esto que me preocupa y aterroriza más aún si cabe; y es el hecho de que estoy convencida de que en la cabeza de estos cinco desalmados realmente no hubo violación. Son ese tipo de hombres, hijos sanos del patriarcado, que ven a las mujeres como objetos para su placer, que realmente piensan que ella disfrutó de la situación, que se han educado con la imagen de mujeres sumisas, oferentes y al servicio del hombre. Me dan miedo ellos y sus amigos, que les animan, envidian y desean haber estado en su lugar porque eso sí que es pegarse una buena fiesta.

Para ellos, fue una noche de fiesta más. Para ella, seguramente fue la peor noche de su vida. Para todas nosotras es un recordatorio de que vivimos inmersas en una sociedad en la que la cultura de la violación está presente cada día. Por eso, desde Proyecto Kahlo, queremos decirle a C. que nosotres te creemos, que no estás sola. Que la manada somos todas nosotras y que no daremos ni un paso atrás.

3 Comentarios

  1. Lo sorprendente es que hay también mujeres que hacen comentarios como “es que la chica también es una fresca” o “que hacia una chica de 18 años sola en la calle?” o “los padres también tienen su culpa”. Me parte el corazón saber que no estamos juntas en esto, pero creo que es una cuestión de tiempo y de continuar peleándonos para que nos entiendan. Yo me di cuenta hace poco que estoy rodeada de machistas y micro-machistas pero he decidido que no dejaré pasar ningún comentario de ese tipo sin reprochar aunque me puedan tachar de feminazi (como ya lo hacen).

  2. Nosotras te creemos.

    Y como bien dices, probablemente en la cabeza de esas bestias, así cómo en la de muchas otras personas, lo sucedido no fue un delito. Da mucho miedo pensar que vivimos en usa sociedad que nos deja de lado y nos tacha de locas, exageradas o mentirosas en casos tan horribles como el sucedido.
    Es lamentable.

    Un abrazo a todas.

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