Es difícil decir adiós

Es difícil decir adiós; sobre todo a personas que han sido importantes en nuestra vida. Elo nos cuenta su experiencia.

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Ilustración de Caribay

Es muy difícil decir adiós a ciertas personas aunque nos hagan mucho daño. A veces no podemos porque estas personas pertenecen a nuestro más íntimo círculo. Tenemos muy metido en la cabeza que la sangre tira mucho y que la familia es lo primero. Creo que es importante desterrar estas ideas. Cuando una persona nos daña o es tóxica, los lazos familiares deberían pasar a un segundo plano y tendríamos que concienciarnos de lo importante que es cuidarse.

Entiendo que no siempre esto es posible y que muchas veces, en aras de la paz familiar, nos callamos muchas cosas que nos duelen. Pero este dolor cada vez va calando más hondo y puede hacer que explotemos en el momento más insospechado. Como a veces es muy difícil romper con estas situaciones, mi consejo es que intentéis por todos los medios que os afecten lo menos posible.

Se puede ser cordial sin necesidad de involucrarse más de lo estrictamente necesario. Se puede pasar de ciertos comentarios y aprender a que ciertas palabras no nos hagan sufrir. Habrá momentos en los que no podáis pasar; es normal. Siempre viene bien buscar un hombro amigo al que contar nuestras preocupaciones. A mí me ayuda mucho escribir las cosas que me duelen o contárselas a alguien. Cuando las suelto fuera, se hacen más pequeñitas y ya no me duelen tanto. Puedes probar diferentes cosas hasta que encuentres qué es lo que te funciona a ti. Esto conlleva grandes dosis de paciencia, pero es posible llevarlo a cabo.

Además de la familia, hay otras personas de las que nos cuesta mucho despedirnos; en mi caso incluso más que de una pareja: son las amistades. Para mí la amistad es algo fundamental en mi vida, un pilar muy importante. Pero ha habido veces que me he dado cuenta de que ciertas amistades han sido tóxicas para mí. No puedo decir que esas personas sean malas; simplemente creo que sus prioridades y su concepto de la amistad son diferentes a los míos y por eso no hemos cuajado, incluso después de haber tenido relaciones verdaderamente estrechas.

Hace un tiempo llegué a la conclusión de que la vida es demasiado corta como para estar sufriendo por gente que no merece la pena o que ya no tiene cabida en nuestra vida. Cuando te das cuenta de esto, es muy fácil cortar los lazos y decir adiós muy buenas. El camino hasta este descubrimiento puede ser largo y costoso, pero la liberación que se siente al llegar ahí no tiene precio.

Otra cosa que me ha pasado a lo largo de los años es tener amigues que no estaban cuando las necesitaba pero que acudían a mí cuando lo necesitaban elles. Como he dicho antes, para mí la amistad es muy importante, así que no sabía decir que no, aunque estuviera dolida. Me disgustaba mucho y sufría. Con los años, me he dado cuenta de que hay que aprender a relativizar. Si una amistad sólo está disponible para quedar a tomar algo, puede que tenga en ella la mejor compañía para salir de fiesta, pero no un apoyo incondicional cuando tengo problemas. Con esto quiero decir que hay tantas amistades posibles como personas en el mundo; y creo que es mejor poner a cada persona en un huequito de nuestra vida que llevarse disgustos.

En cualquier caso, sí me gustaría decir a todes les que me lean, que nadie es imprescindible en nuestra vida. Aunque nos parezca que se acaba el mundo cuando dejamos a ciertas personas atrás, la capacidad de resiliencia de los seres humanos es impresionante. Podemos sobreponernos a grandes tragedias o a la muerte de nuestros seres más queridos; así que podremos salir adelante tras decir adiós a ese amigo, pareja o familiar por los motivos que sean. Y además, quién sabe, la vida da muchas vueltas y esa persona puede volver en un futuro. Nunca se sabe lo que nos deparará el destino.

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