Despedidas de una vida de película

Despedidas de la gran pantalla que tocan el corazón

despedidas_vidas de película_proyecto kahlo_feminismo
Ilustración de Inés

“Querido Leonard,

mirar la vida a la cara. Siempre, hay que mirarla a la cara. Y conocerla por lo que es. Así podrás conocerla; quererla, por lo que es, y luego, guardarla dentro. Leonard, guardaré los años que compartimos. Guardaré esos años, siempre. Y el amor, siempre. Y las horas.”

Era 2003, y se estrenaba en la salas de cine Las horas, de Stephen Daldry. Tenía dieciocho años y muchas ganas de ver esta película, así que fui con tres amigues al cine. Cuando Virginia Wolf (Nicole Kidman) pronunció estas palabras, noté cómo la garganta se me retorcía. Aparecieron los títulos de crédito en la pantalla y la luz de la sala se encendió, mi garganta seguía ahogada, y las lágrimas no paraban de salir. Mis amigues no entendían nada…tampoco es para tanto, decía uno de elles. Esas lágrimas adelantaban lo que ocurrió meses más tarde. La mejor amiga de mi madre, mi mentora, mi amiga, mi familia, la que me prestaba libros, me fotocopiaba sus poesías favoritas, con la que pasaba algunos meses de verano viendo películas hasta la madrugada, murió, y el vacío apareció.

Cada hora, durante un tiempo, no pude dejar de pensar en los momentos compartidos, en su ausencia, en lo que vivimos. Años más tarde, la misma escena, las mismas palabras, aparecieron de nuevo. El vacío apareció con la misma intensidad, desconcierto, y sentimiento de perdida, aunque la escena era otra bien distinta. “Guardaré esos años, siempre. Y el amor, siempre. Y las horas.”

Esa despedida inició el camino de otras grandes despedidas de película. Despedidas generadas por las ganas de cambio, por querer huir de un país, por enamorarte de alguien de tu mismo género, o por renunciar a lo que no eres para ser quien eres, no robarle la vida a alguien, a la que nací.

No robarle la vida a alguien, y menos a una misma. Despedirse de todo lo que sobra, lo que no se quiere, de las personas que nos rodean, que no nos benefician, despedirse de uno mismo para ser quien quieres ser, despedirse del genero que te asignaron al nacer, para vivir como Lawrence Anyways de Xavier Dolan.

Huir de una ciudad que te oprime; colorida, vital, llena de luces, pero que ahoga, que te hace sudar. Huir de esa ciudad por amor. El amor de Elio hacia Raul. Despedirse de Cuba, de la familia, despedirse de la tierra, y dar la bienvenida al mar, al futuro y la incertidumbre, en sólo Una noche, de Lucy Mulloy.

Vivir una vida cómoda en la tierra prometida, Estados Unidos, con una atmósfera tranquila, heterosexual, entre fotografías, como editora de una revista. Descubrir en el piso de al lado, a una mujer fascinante, lesbiana y artista que desmonta esa atmósfera, y genera lentamente cambios en tu forma de concebir el mundo, haciéndote vulnerable. High Art de Lisa Cholodenko.

Despedirse de quien no eres, de la pareja con la que compartiste un tiempo de tu vida, de tu país, de tu familia, de tus hermanas, de ese lugar en el que viviste y fuiste muy feliz; despedirse del tiempo, y de las horas, pero guardando el amor y abrazando el futuro.

Deja una respuesta

Navegar