Mutaciones

Muchas veces nos vemos sometidas a mutaciones sin ni tan siquiera darnos cuenta porque estamos ocupadas, simplemente, siendo.

Mutaciones_proyecto kahlo
Ilustración de Crea con Corazón

Siempre me han fascinado las rocas metamórficas, esa capacidad para mutar y continuar siendo al mismo tiempo.

La roca originaria (si tal cosa fuera posible) es sometida a cambios externos como, por ejemplo, temperaturas extremas que la llevan al punto de fundirse o fusionarse o grandes cambios de presión, lo que le hace adaptar otras composiciones químicas. Estas fuerzas tan de hostias, no lo vi venir y aquí está todo este barrizal, son las que provocan que esa roca deje de ser lo que era y se convierta en otra cosa sin dejar de ser, por otra parte, quien era.

Cuando mi madre murió me pasé horas bebiendo cerveza en la cafetería del tanatorio. No hay, supongo, forma mejor de hacerlo, ya que las salas que estaban abajo provocaban en mí un desasosiego tan certero y tan tenebroso que no me sentí capaz de permanecer allí más que el tiempo justo para preguntar: ¿quién se viene al bar?

Esa presión. Como si estuviera en el fondo del mar y toda el agua compactara mi pequeño corazón empeñado en latir.

A veces tengo miedo a enfermar. Me pasa desde hace unos años. A veces pienso en cómo sería todo si me sucediera a mí y salgo a respirar por la ventana, porque los miedos que tengo a las cosas que no han sucedido y que puede que no sucedan jamás me paralizan. Me fusionan. Me convierten en algo que yo no soy, que no deseo, y que no puedo controlar.

Otras veces siento que he cambiado tanto… Que he asumido esos roles tan jodidos, tan duros, tan blasfemos, tan pragmáticos… A veces soy de corchopán y hago todas esas tareas como una autómata. Me encargo de todo aquello y, de lo otro, también me encargo. Voy a trabajar, leo cuentos, pinto casitas, sonrío a mis amigas, agradezco sus palabras, ceno con mi cuñada, limpio el suelo, voy al colegio, veo Girls, me hago un planning semanal.

Sin mucho espacio para percibir cómo voy mutando. Es sobresaliente esta capacidad de ceguera relativa.

Yo me siento fugaz. Si alguien me preguntara, diría que me siento fugaz. Aun así, también tengo la certeza de que nunca me extinguiré, y no porque yo sea muy religiosa (cero), sino porque creo que todo coexiste en un ciclo, donde la vida y la muerte se entrelazan y somos nosotres los que no podemos entenderlo. Yo me incluyo.

Este agotamiento por todos esos roles que toca mantener como mujer, madre, curranta, hija, hermana. Todos esos tiempos llevados a la extenuación.

Como la astenia primaveral enganchada a mi vientre, adormilada.

Soy efímera y decido hundir la carne en la esperanza.

Hay una cosa fundamental y que, ¡oh, coño! no he mencionado:

Mutar es necesario.

Extender las alas.

Llorar.

Aprender.

Calibrar el próximo destino.

Volar.

 

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