Lesbianismo político sin billete de vuelta

Ingrid nos cuenta como descubrió el lesbianismo político y también nos cuenta de qué se trata este concepto que cada vez toma más fuerza.

 

Lesbianismo político_Proyecto Kahlo_feminismo
Ilustración de Lucie Charcosset

La primera vez que me crucé con el concepto de lesbianismo político fue por casualidad. Me encontré con un texto cuyo título me llamó enormemente la atención, y sin saberlo, estaba comprando mi billete de ida hacia el lesbianismo político. Lo devoré desenfrenadamente. Era un escrito titulado “Mi cuerpo es un territorio político” de Dorotea Gómez Grijalva. Me dejé llevar por la naturalidad y sinceridad de sus palabras y acabé, no sé si conmovida, o quizás impresionada por su discurso:

“Asumirme lesbiana-feminista implicó un proceso profundo de reflexión emocional, política y espiritual, el cual fui madurando y decidiendo conforme agudicé en el análisis de mi actuar y pensar feminista”.

Su reflexión me pareció imponente, aunque he de reconocer que me hizo sentir extraña, ¿quizás escéptica? Me recordaba a la conocida frase de Carol Hanish: lo personal es político. Nunca antes me lo había planteado así. Indagando en estos conceptos, asediada por mi curiosidad feminista (y lesbiana), acabé encontrándome con un buen puñado de mujeres, lesbianas políticas (también autodenominadas lesbianas-feministas) que describían y argumentaban enardecidamente sobre este tema.
“El cuerpo (…) contiene todas nuestras energías, es el instrumento con el que tocamos la vida. A través de la historia el cuerpo ha sido y es el lugar político de preferencia, ya que ha sido señalado como naturaleza a dominar y la cultura patriarcal ha instalado en él la culpa.” Escribía Margarita Pisano en 1993.
Todas defendían y proponían la idea de que el lesbianismo, entendido como propuesta política y colectiva y no como orientación sexual, es una forma de rebelarse absolutamente contra el heteropatriarcado y su “cultura” de heterosexualidad obligatoria; que además proporcionaría un aumento en la calidad de vida de las mujeres tanto a nivel emocional, como físico, sexual y social. Sería la culminación de la lucha feminista, elevada a su máxima potencia, y también a su máxima expresión de sororidad.
Mi mente casi en blanco, sorprendida por la novedad de los conceptos que se desenvolvían ante mis ojos, se llenaba irremediablemente de preguntas:

¿Cuándo tuvo origen esta teoría política?

El lesbianismo político tiene su origen a final de los años setenta, estrechamente vinculado al movimiento feminista de la “segunda ola” y al movimiento homosexual. Poco tardó en desligarse de este segundo, al que las lesbianas criticaron de misógino, patriarcal, y dominado por los hombres…pues a pesar de ser homosexuales, aún seguían siendo privilegiados en cuanto que eran hombres, y la falta de perspectiva en este sentido les hacía obviar las necesidades reales de las mujeres.[6] Su lucha se centraba en temas como el VIH, la igualdad de derechos, el matrimonio homosexual…con lo cual se encuadraba en una búsqueda de tolerancia, integración social y libertad individual, pero no cuestionaba el sistema social, el patriarcado como institución y sus herramientas de dominación de las mujeres.
Respecto al movimiento feminista de la “segunda ola” cabe destacar la significancia de las lesbianas en su construcción, pues al principio encontraron en él un espacio de reunión de mujeres donde juntas pelear y combatir la opresión y los estereotipos implantados en sus vidas por el heteropatriarcado. Los roces comenzaron conforme el movimiento se fue consolidando. Las lesbianas luchaban por todas las causas de las mujeres, incluyendo aquellas que no les afectaban directamente (aborto, anticoncepción…), pero sentían que el resto de feministas no se entregaban por completo a la lucha por las causas lésbicas, ni a cuestionar la heterosexualidad “obligatoria” como herramienta de control por parte de la sociedad machista. Muchas feministas heterosexuales, al ser “acusadas” o señaladas de lesbianas por quienes atacaban el feminismo, se sintieron de alguna forma “ofendidas” o cuestionadas respecto a su sexualidad heterosexual, y de esta manera intimidadas fallaron en defender, y por lo tanto visibilizar y hacer respetar el lesbianismo.
Fue así como las lesbianas feministas se fueron segregando del movimiento feminista per sé y encontraron su propio espacio y forma de reivindicación, dando lugar a una proliferación de fructíferos análisis, teorías, cuestionamientos e ideas que aun hoy definen y promueven su lucha política.
Algunos nombres necesarios de mencionar en el comienzo de éste movimiento incluyen a Adrienne Rich, Monique Wittig y Judith Butler. Durante los años 80 existe un florecimiento del movimiento lésbico que se ramifica en diferentes corrientes, con diferentes voces y propuestas. Aquí comienza, además, la lucha de las mujeres y lesbianas negras, indígenas, asiáticas y latinas, con nombres tan relevantes como Gloria Anzaldúa, Cherríe Moraga, Margarita Pisano… Todo ello dará lugar a numerosos grupos de lesbianas políticas en diferentes lugares de Europa, pero con una especial trascendencia y peso en América latina, dando origen a los encuentros lésbicos-feministas latinoamericanos y del Caribe en 1987.
A pesar del nacimiento de diferentes líneas de pensamiento lésbico, en la actualidad todas coexisten y afloran por todas partes, dando lugar a un complejo y variado movimiento y también forma de vida, que posee lugares de sociabilidad y diversión, espacios culturales, literatura, medios de comunicación y redes políticas.[2]

¿Cuáles son las ideas del lesbianismo político?

  • La categoría de sexo, y por lo tanto las subcategorías de hombre/mujer no son naturales o biológicas. Se trata de categorías sociales utilizadas por la heterosexualidad como “régimen político”. Según Monique Wittig, el concepto de mujer se basa en su relación social específica a un hombre, e implica obligaciones personales, físicas y económicas. La heterosexualidad es un sistema social afianzado en la opresión y apropiación de las mujeres por los hombres, y justificado en la fabricada “categoría de sexo”.
  • El concepto de lesbiana como no mujer. La lesbiana no es una mujer ni en lo económico, ni en lo político ni en lo ideológico, porque escapa a las obligaciones que una mujer ha de acometer para reconocerse como tal.
  • La heterosexualidad reproductiva y monógama es una construcción social. La cultura de heterosexualidad obligatoria es un instrumento de perpetuidad del sistema patriarcal y sus modos de producción capitalistas. “El patriarcado es un sistema que en su esencia y su visión reproductiva no puede aceptar la homosexualidad, por lo tanto la marginaliza y estigmatiza”.[3] Históricamente el lesbianismo ha sido y es invisibilizado, reprimido, perseguido, castigado y puede ser pretexto de violación y asesinato.[2]
  • El lesbianismo (político) ha de diferenciarse de la homosexualidad. La sociedad patriarcal (mediante el modelo sexológico) ha equiparado el lesbianismo con la homosexualidad en general pero también con la masculina, y lo ha disfrazado de “preferencia sexual”. De esta manera lo despolitiza, le arrebata su potencial político y social, lo desmaterializa de su lucha fundamental contra el patriarcado, la cual fue su origen y su fundamento.
  • Desprendiéndose de la idea anterior, la palabra lesbiana (aludiendo a su sentido político y no sexual) ha ido perdiendo su original significado de mujer revolucionaria y rebelde que se niega al patriarcado, para convertirse en homóloga de la palabra gay, que hace alusión a una categoría puramente sexual. “Me asumo lesbiana política porque rechazo conscientemente el patriarcado, los roles tradicionales asignados a las mujeres y porque me rebelo ante las limitaciones que nos han impuesto a las mujeres sobre el control de nuestras propias vidas.” [5]
  • La orientación sexual entendida como identidad inmutable que define a una persona y se escapa a su voluntad se constituye como un mecanismo de control del patriarcado. “Reivindico que soy lesbiana feminista, por opción política y no por orientación sexual, porque para mí, la expresión orientación sexual anula mi capacidad de decidir sobre mi propio cuerpo.” [1]
  • Todas las mujeres tienen la capacidad de optar por un estilo de vida y una sexualidad lesbiana. La práctica del lesbianismo serviría (…) para mejorar la calidad de vida de muchas mujeres y hacerlas más libres.[4]

Tras profundizar, analizar e irremediablemente aceptar todas las premisas que el lesbianismo político presentaba ante mis ojos, llegó la inevitable pregunta:

¿Se puede ser lesbiana por elección?

Por mucho que aceptemos que la heterosexualidad obligatoria es una herramienta patriarcal y el concepto de orientación sexual una excusa para inmovilizar el deseo sexual de las personas, es difícil asumir que las mujeres heterosexuales podrían, efectiva y realmente, cambiar su deseo sexual de forma voluntaria.
Hay que tener en cuenta que, por supuesto, la ciencia está sometida a una lógica patriarcal y capitalista que dirige sus objetos de estudio y objetividad, y que al patriarcado no le interesa promocionar la identidad lésbica como una forma de escape al sistema. Esto limita la existencia de estudios serios sobre sexualidad femenina enfocados desde fuera del heteropatriarcado. A pesar de ello existen varios estudios que demuestran que el deseo sexual en las mujeres es un “componente fluido” de su personalidad. [4]

  • A pesar de que muchas mujeres lesbianas (homosexuales) son conscientes de ello desde temprana edad y sienten que han nacido así, sin opción a elegir, otras muchas [mujeres hasta el momento heterosexuales] terminan viendo cómo después de establecer un nexo relacional fuerte con otras mujeres, su deseo [sexual] parece cambiar de objeto. (…) Para muchas, la convivencia con otras mujeres, el compromiso, el darse posibilidad de aprender, de trabajar, de vivir o de gozar con otras mujeres, puede ampliar su autoconciencia(…) A diferencia de la mayoría de hombres homosexuales que primeramente, y generalmente a edades más tempranas, sienten deseo por otros hombres y a consecuencia de ello los buscan para satisfacerlo.[4]
  • Un estudio realizado en 1964 (Mc Dougall) afirma que el lesbianismo es un componente normal en la vida de todas las mujeres. Así como afirma Nancy Chodorow cuyo estudio reconoce que las niñas llegan a la pubertad en un estadio de indefinición sexual o bisexualidad, y es a partir de ahí cuando tienen que resolver el conflicto.[4] No hace falta decir que la sociedad heteropatriarcal se encargará de presionar a las niñas para “conducirlas” por el camino heterosexual.
  • La mayoría de estudios dan cuenta de la enorme cantidad de mujeres que experimentan deseos lésbicos (inversamente proporcional al número de mujeres que gozan de la autonomía personal y social para llevarlos a la práctica). Un estudio realizado en 1961 por Ramón Serrano Vicens refleja que de una muestra de 1471 mujeres, seis de cada diez admitió haber tenido alguna vez deseo de mantener relaciones sexuales con alguna amiga o conocida.[4]

Contemplé entonces la posibilidad de que, si obviamente no todas, muchas mujeres que se consideran y reconocen heterosexuales podrían, de alguna manera, explorar el lesbianismo como una opción sexual que forma parte intrínseca de ellas mismas, pero que la sociedad heteropatriarcal se ha encargado de enterrar muy lejos de su alcance y de su vista.

¿Qué propone el lesbianismo político? (Mi interpretación personal)

Entiendo el lesbianismo político como una llamada a todas las mujeres y por ende, a todas las mujeres feministas, como una apelación a la máxima exponencia de sororidad. Lo entiendo como una invitación individual y colectiva.

  • Individual para que la mujer con conciencia feminista analice la sociedad heteropatriarcal que utiliza su cuerpo como herramienta para perpetuar un sistema político y económico basado en la dominación de las mujeres y el control sobre los recursos naturales y los seres humanos. Para que analice su propia identidad y localice las claves de su propio bienestar emocional, físico, sexual y social, orientando su vida y sus decisiones en función de ello. Para que desbloquee y manifieste su amor por otras mujeres en tantas vertientes como le sea posible. Es evidente que no todas las mujeres del planeta pueden ser homosexuales. Pero entiendo que el lesbianismo político invita a todas aquellas que tienen posibilidad o predisposición a acostarse con otra mujer a que lo hagan, a que amen y gocen sexualmente con otras mujeres… y a las que no podrían hacerlo, a que “amen”, respeten y cuiden a otras mujeres en tantas formas como les sea posible (sororidad).
  • Colectiva para que las mujeres establezcan nexos y conexiones de apoyo mutuo que les sirvan de protección ante las agresiones de la sociedad patriarcal. Para que las mujeres colaboren unidas para recuperar lugares y roles en la sociedad que les pertenecen y les han sido negados, así como libertades, derechos y capacidad de decisión sobre el entorno que las rodea y sobre sus propios cuerpos. Para que las mujeres sean productoras y no reproductoras de cultura. Para mejorar la calidad de vida de las mujeres y hacerlas más libres.

Después de mi intenso y revelador viaje por el lesbianismo político, me di cuenta de que no quería un billete de vuelta. Me encontré de repente en un lugar por lo general bastante desconocido y atrayente, con raíces biológicas, sociales, políticas, sociológicas, filosóficas y una larga lista de lógicas que además de enriquecedoras e interesantes, no están excentas de debate, crítica, polémica y cuestionamiento. He de decir que, seducida por la profundidad, la necesariedad y filosofía de muchos de los discursos que lo representan, y sin saberlo y mucho menos imaginarlo, de alguna manera, yo ya era LESBIANA POLÍTICA.

Referencias:
  1. Gómez Grijalva, Dorotea A. 2010. “Mi cuerpo es un territorio político”. Brecha Lésbica.
  2. Falquet, Jules. 2006. “De la cama a la calle: perspectivas teóricas lésbico-feministas”. Bogotá, Brecha Lésbica.
  3. Pisano, Margarita.1996. “Un cierto desparpajo”.Ediciones número crítico.
  4. Gimeno, Beatriz. 2013. “Una aproximación política al lesbianismo”. Blog personal: https://beatrizgimeno.es
  5. Mogrovejo, Norma. 2000. “Un amor que se atrevió a decir su nombre. La lucha de las lesbianas y su relación con los movimientos homosexual y feminista en América Latina”. México. Plaza y Valdés.
  6. Martínez, Ramón. 2015. “Yo soy lesbiana política”. Cáscara amarga.

 

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4 Comentarios

  1. Maravilla de artículo… Gracias por el curre de facilitarnos la info de una forma tan clara y tan… invitante, jajaja <3

  2. viva la lucha lesbiana feminista! gracias x compartir estas referencias, recomiendo el documental “ella es hermosa cuando esta enojada” donde se puede ver la aegunda ola y hay entrevistas muy interesantes. Abrazo sororo.

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