Humor feminista ¡sí, gracias!

Nuestra forma de consumir humor está cambiando, las personas feministas queremos un humor inteligente y constructivo, que no ataque ni ridiculice a nadie. Núria nos invita a hacer la revolución a carcajada limpia.

humor feminista_Cambios_Proyecto Kahlo
Ilustración de Patricia

Soy payasa gracias al feminismo, que me invitó a poner en cuestión todo aquello que hasta entonces había dado por supuesto, me permitió comprender que mis dificultades para reír y reírme de mi misma, no era sólo mías. Como cualquier otra producción humana, el humor, y la relación que tenemos con él, padecía de un sesgo de género. Y mal de muchas, consuelo de todas, ocurrió. Desperté.” Virginia Imaz

Admiro muchísimo a Virginia Imaz (payasa, educadora, actriz….) leí su artículo “Género y humor. La triple trasgresión” y me enamoré. Virginia explica en él situaciones con las que me siento muy identificada. Hay algo que me ocurre muy a menudo y que no había pensado hasta leer el artículo y es que la gente me mira cuando me río. Me han mandado callar, alguna vez que otra me han matado con la mirada y otras por suerte, han buscado mi complicidad. He sido “la loca” en el cole, en el instituto, en el pueblo…. por tener sentido del humor o reírme fuerte. ¿No es excesivo pensar que tengo un problema de salud mental por hacer reír? Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Qué pasa cuando una mujer ríe a carcajadas? La respuesta es sencilla: una mujer que ríe a carcajadas está ocupando el espacio público, ese espacio que no nos pertenece. ¿Y por qué se castiga? Porque el humor puede ser un arma muy poderosa, una herramienta de lucha contra este sistema patriarcal que nos quiere sumisas, con la boquita bien cerrada y bien monas. ¿Inteligencia? ¿Sentido del humor? ¡No, gracias!

Si eres divertida, eres una exagerada. Si eres feminista, eres una exagerada. Si eres divertida y feminista, ERROR. ¿Cómo puedes ser graciosa y feminista? ¡si todas las feministas somos unas amargadas! ¡si no tenemos humor! ¡si somos una panda de secas! ¡JA! El problema es que “el humor no es universal” y que cada grupo, cada cultura, tiene sus referentes. Y en la nuestra, es la masculina. En los chistes solemos ser nosotras el objeto de la burla (anda que no habré oído en mi vida chistes sobre putas, suegras o esposas) y ¡cualquiera no se ríe! si no lo haces, eres “tonta” (por no pillar el chiste) o es que tienes “poco sentido del humor” ¡Qué paradoja! ¿no? Si no me río me castigan y si me río también. ¡Esa pala patriarcado!

Estaría genial que el humor no tuviera que llevar la coletilla “feminista” para diferenciarlo del otro, pero sin esta etiqueta, el humor no es feminista. “Las mujeres – dice Virginia Imaz – hemos aprendido de qué reírnos y donde, cuándo y cómo hacerlo”. Ahora nuestro papel es hacer un trabajo de empoderamiento a través del humor: tenemos que sacar al espacio público nuestros referentes y visibilizar otras realidades. Cada vez somos más mujeres feministas haciendo humor (no por ser mujer y hacer humor, ya es humor feminista, hay algunas humoristas que usan los mismo códigos masculinos para hacer reír). En estos espectáculos representamos situaciones de desigualdad que la mayoría de mujeres hemos vivido, usando el humor como vehículo de transformación social. “El humor está estrechamente ligado al poder. Tomar el pelo, bromear, puede ser un ejercicio muy sano y liberador pero se convierte en una práctica opresora cuando la risa se utiliza para perpetuar y restablecer relaciones de poder y de dominación” dice Isabel Franc. Por eso ver a un público, en su mayoría mujeres riendo a carcajada limpia es maravilloso, una orgía de placer y libertad. La risa es necesaria para todo el mundo, pero si encima perteneces a un grupo oprimido, es imprescindible para sobrevivir. ¡No nos queda más remedio! Hemos aprendido a reírnos de nuestras desgracias (o estamos en ello), de nuestra posición en el mundo y de nosotras mismas y muchas veces sin ser conscientes, reír se convierte en un acto de rebeldía.

La “niña loca” que fui no sabía lo que era el humor feminista. Ahora me llena de orgullo pensar que llevo 31 años de lucha haciendo lo que más me gusta en el mundo: reír.

 

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