Aprender a despedirse para poder cambiar

Es difícil revisarse y evolucionar mientras tengamos miedo al cambio. Aprender a despedirse ayuda a minimizar ese miedo tan humano. Ana nos explica cómo.

Aprender a despedirse para poder cambiar _ proyecto kahlo
Ilustración de Mitucami Mituca

Hablar de la zona de confort está de moda,  tanto que el concepto se ha desvirtuado y hemos acabado usándolo como arma arrojadiza. Si quieres increpar a alguien o dejarle en evidencia, cuestiona que quiera salir de su zona de confort. Esto sembrará la sospecha sobre su valentía, los retos que se propone afrontar en la vida, su afán de superación y la positividad o negatividad con la que enfrenta los problemas de su día a día.

Es fácil señalar a quien no quiere cambiar, no “se revisa”, no “se trabaja” o no evoluciona. Sin embargo, no lo es tanto preguntarnos qué hace que por regla general en nuestra sociedad, nos sea tan difícil cambiar e incluso nos provoque terror.

Y yo me pregunto: ¿Qué hay de quién no puede cambiar? ¿Y de quién no sabe? ¿Qué hay de quien no tiene herramientas para hacerlo?  ¿Y de aquelles que no tienen sostén y lo tienen que hacer en soledad?

Para poder cambiar y abrirse a lo nuevo es necesario cerrar lo antiguo, y no se nos enseña a hacer duelos, despedirnos, ni tampoco a poner en marcha herramientas que nos permitan acompañarnos a nosotres mismes en ese proceso. ¿Quién nos ha enseñado a despedirnos  de las emociones, las creencias limitadoras, los pensamientos negativos, en definitiva, de las ropas usadas?

El miedo al cambio proviene de un miedo muy humano que es el miedo a lo desconocido. Miedo porque desconozco el proceso y miedo porque no sé qué vendrá después. El hecho de que no conozcamos estos procesos humanos hace que les tengamos más miedo y acabemos agarrándonos a cosas que en realidad no nos aportan pero que nos dan seguridad frente a la incertidumbre.

¿Qué hace falta para poder cambiar? Si cambiar implica pasar de un estado a otro, para empezar necesitamos despedirnos de aquel estado que ya no nos sirve, no nos aporta o no nos ayuda a crecer.

Así que comencemos describiendo cómo suele ser el camino para despedirse de algo y quizá así, le perdamos el miedo:

Un duelo es una despedida, de algo que se ha ido o de algo que se está yendo. Normalmente cuando hablamos de duelos nos referimos a los que surgen por la muerte de alguien cercano, sin embargo, además de eso, pasamos por otros duelos y despedidas continuamente a lo largo de nuestra vida.

Hacemos un duelo cuando se rompe una pareja, cuando nos echan del trabajo… Es decir, un duelo parte de un chasco, de algo que me está pasando y yo no me esperaba que me pasara: yo pensaba que esta relación iba a durar más tiempo, que iba a tener trabajo fijo, que siempre iba a tener un cuerpo joven, pensaba que esta persona me quería, que mis hijes iban a vivir conmigo siempre, que mi padre me iba a cuidar, que para mi amiga yo iba a ser una prioridad… Y así, los duelos no sólo se producen por la separación o pérdida física, sino también por la despedida de las expectativas que yo tenía ante cierta situación. Yo, que esperaba que esa persona que me gusta quisiera tener algo conmigo, me tengo que despedir de esa expectativa para posteriormente aceptar que las cosas no siempre son como a mí me gustaría. Yo, que creía que iba a estar sana siempre, me tengo que despedir de mi cuerpo tal y como era para aceptar a mi cuerpo con sus nuevas características. Yo, que me había construido una fantasía sobre lo que iba a ser mi relación, tengo que hacer el duelo de mis expectativas para aceptar la realidad.

¿Y por qué momentos pasaremos durante un duelo? Pues es habitual pasar por la negación, un estado en el que todavía no acepto que algo ha cambiado y ya no es como yo esperaba. También se suele pasar por la ira, esa etapa en la que estás enfadade con el mundo y culpas a todo lo ajeno de tus desgracias. Otro momento importante es la negociación contigo misme, es decir, cuando intentas volver hacia atrás y hacer como si no hubiera ocurrido: si le llamo y le pido perdón igual se arreglan las cosas, si aguanto unos días más, podremos hacer como si nada hubiera pasado…
Además de esto, pasamos por la tristeza, esa etapa en la que pienso que el mundo es una mierda, que soy une desgraciade y todo me pasa a mí.
Así que sí, es normal pasar por toda esa serie de emociones hasta llegar a la aceptación, que es el momento en que ya dejas de pelearte contigo y con el mundo y te encaminas a hacer ese cambio.

Y ahora ya, que conozco cuales son los momentos por los que se suele pasar en una despedida o un duelo, puedo comprenderme y acompañarme en ese camino. Ser compasive conmigo y permitirme vivir todas esas etapas. Saber que no estoy loque, que esto por lo que estoy pasando es algo natural, un camino de adaptación que me lleva a aceptar y con ello, a abrirme al cambio. Este conocimiento no me va a quitar el dolor que provoca una despedida, por supuesto, pero sí me ayudará a despejar el camino.

Por todo esto, quizá enseñar a despedirse, promover el  apoyo mutuo y la construcción de redes, quizá sentir que no sólo pierdo sino que gano, sentir que al soltar lastre hago espacio en mí para construirme desde la libertad y la elección propia…
Quizá enseñar a enamorarse de los cambios y de lo bueno que está por venir ayude a que el miedo se atenúe y podamos por fin abrirnos al cambio.

*Lectura recomendada: Sanz, Fina. Los laberintos de la vida cotidiana. Ed. Kairos.

 

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1 Comentario

  1. Maravilloso artículo,este y otro que acabo de leer vuestro llega en un duro momento en mi vida, en que todo lo que he sentido y he querido me lo he negado, autonvenciendome que pasarían estas emociones y que eran porque no estaba centrada en la vida. Pero ahora con 30 años vuelven con mucha mas fuerza ,lo que me esta provocando un tornado en la que creia mi estructura mental y emocional, que solo ha sido ficticia, una fachada y papel que he ido creando como muchos de nosotros hacemos, cuando no nos dejamos ser auténticos. Gracias por esta maravillosa web y personas tan maravillosas que la haceis posible.

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