Las mujeres, con o sin diagnóstico, queremos sentir deseo.

Una Frida nos invita a pensar la relación entre mujeres con diagnóstico psiquiátrico, psicofármacos  y su vínculo con la sexualidad.

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Ilustración de Javitxuela

El terreno del placer es uno de los ámbitos de la sexualidad que aún debe ser conquistado por todas las mujeres. Conviene observar que la sexualidad de la mujer no se refiere únicamente a la maternidad o a la reproducción, ni se limita sólo al placer sexual o a la estimulación de los órganos genitales. Cuando hablamos de sexualidad nos estamos refiriendo a la íntima experiencia de amar, emocionarse y sentir placer, en el más amplio sentido de la palabra. Es comunicarse con una misma y con las demás personas, desde el cuerpo, los gestos o las posturas, la palabra o el silencio. La declaración de derechos sexuales aprobada por la Asociación Mundial de Sexología (WAS) incluye, entre otros, el derecho de todas las personas a ejercer una vida sexual satisfactoria, segura y placentera. El ejercicio de este derecho requiere respetar el derecho de les otres (OMS) y este acto de respeto incluye también a les profesionales que atienden la salud mental de las mujeres.

Ni Sofía ni Ruth han recibido nunca información de carácter afectivo o sexual en los servicios de atención a la salud mental, a los que acuden desde hace más de cinco años. Ni mucho menos de todos los efectos secundarios sobre la sexualidad de la mujer, que puede producir un tratamiento farmacológico. Ambas tienen un diagnóstico psiquiátrico y toman psicofármacos. La disfunción sexual es un efecto adverso común de muchos medicamentos usados en el tratamiento psiquiátrico de los problemas de salud mental. Puede tener un impacto negativo en el deseo, la excitación y el orgasmo, afectando a las relaciones íntimas y personales. Ruth afirma verse reconocida en el listado de efectos secundarios de los antidepresivos y los neurolépticos que ha tomado. “He subido unos 20 kilos desde que empecé a tomar psicofármacos, alguna pastilla me da por comer. También he notado que la medicación me inhibe a la hora de expresar emociones, placer a veces, y me produce cierta apatía a la hora de conocer o comenzar una relación. Esta desgana también me afecta para hacer ejercicio”. La disminución del deseo sexual, alteraciones menstruales, embotamiento emocional, dificultad para lograr el orgasmo, aumento de peso (con los cambios en la imagen corporal que esto conlleva y que pueden repercutir negativamente en la autoestima), son algunos de los efectos secundarios que pueden sentir las mujeres con tratamiento psicofarmacológico.

Sofía admite que, en ocasiones, ha querido bajar la medicación. Cuando me salía un poco de leche de los pechos, pensé en bajarla, y al sentir que mi libido disminuía, también quise bajarla”. El aumento de la hormona prolactina, dando lugar a lactación e hinchazón de pechos (también en hombres) es otro de los efectos adversos de algunos psicofármacos. Cuando le pregunto a Sofía si ha podido charlar con su psiquiatra sobre los efectos de la medicación en su sexualidad, me contesta que “Sólo me ha dicho que la prolactina puede subir y que no me asuste si me sale leche de los pechos. He sido yo quien ha preguntado si la libido también bajaba y me ha dicho que sí, pero mi impresión es que eso se ha visto como un mal menor”. En el caso de Ruth, la respuesta que obtuvo cuando habló con su psiquiatra acerca de este malestar, fue la retirada de ese medicamento. La ausencia de protocolos unificados en relación a las necesidades de ajuste o retirada de medicación psiquiátrica, no ayuda. La toma de decisiones respecto a las medidas que se pueden adoptar, cuando una mujer sufre los efectos adversos de un tratamiento farmacológico y reclama su necesidad de disfrute y placer sexual, queda en manos de criterios profesionales arbitrarios. Por si fuera poco, los efectos de los medicamentos sobre la sexualidad masculina están más documentados que los de las mujeres.

Una contribución orientada a que las mujeres ejerzan su derecho al placer, por parte de les profesionales que prescriben psicofármacos, debiera incluir la discusión de los posibles efectos secundarios. Incluida la disfunción sexual que, en general, tiende a ser infravalorada. Antes de recetar un fármaco con potenciales efectos adversos sobre la sexualidad de la mujer, lo razonable es interesarse por su vida afectiva y sexual, informar y tratar de prevenir.

Las mujeres, con o sin diagnóstico, queremos sentir deseo. Cada consulta y cada duda formulada, cuando no entendemos o no conocemos los motivos por los que nuestra sexualidad ha cambiado, lo reclama. Queremos sentir que gozamos de una intimidad satisfactoria, a solas o en compañía. Y tenemos derecho a ello. Derecho al placer. Sin sentimientos de culpa, temor o vergüenza a cuestionar y a preguntarnos qué rumbo ha tomado nuestro deseo desde que nos recetan pastillas.

Patricia Villena (Tenerife, España). Psicóloga. Responsable de comunicación e influencia social en AFES Salud Mental.

 

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