Las locuras de la academia neoliberal

Mónica nos cuenta cómo el mundo universitario puede ser una gran locura y la meritocracia puede volverse en tu contra: es la academia neoliberal.

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Ilustración de Javitxuela

La academia te chupa la vida, la energía y la creatividad. Es un ambiente hipercompetitivo que nos está volviendo literalmente locas a quienes estamos atrapadas en sus fauces. El otro día leí un artículo sobre la incidencia de la depresión y la ansiedad en estudiantes de Doctorado. Este artículo no hacía más que poner en palabras lo que llevo viviendo en mis carnes desde que se me ocurrió la feliz idea de estudiar el Doctorado, como ya expliqué por aquí en otra ocasión.

El camino del Doctorado es arduo, largo y solitario. A pesar de tener una directora de tesis maravillosa, sin la cual nada de lo que he conseguido hubiera sido posible, no me he sentido tan sola en la vida. Y esto es una experiencia compartida: cada persona con la que hablo de su experiencia en el Doctorado recuerda un profundo sentimiento de soledad a lo largo de todo el largo proceso, que dura un mínimo de 3 años. Tú y tus libros, tus escritos y tú.

Además, en este punto de la incipiente carrera académica comienza un camino de búsqueda de validación constante que no tiene fin mientras sigues en la academia. Comienza en los primeros años de la universidad, imagino, aunque yo no estudiaba con esa idea en mente de preocuparme por las notas; quería disfrutar de lo que estaba estudiando, y no me preocupaba en exceso por las notas. Sin embargo, cuando empecé el Doctorado, me dí cuenta del porqué y de la utilidad de esta preocupación.

Para hacer un Doctorado, es muy importante, aunque no fundamental, hacerlo con una beca. En el proceso de solicitud de la beca lo evalúan todo: tus méritos, los de tu directora de tesis, el interés del proyecto que presentas, etc. Ahí es cuando comencé a convertirme en mi CV, en un conjunto de méritos que tiene que ser examinado y puntuado según unos baremos deshumanizados. Este proceso te puntúa, te pone un número, te lo coloca en orden en una lista. De la posición que consigues en la lista depende tu futuro como investigadora: si tienes beca, tienes todas las facilidades; si no, te conviertes en el lumpen proletariado de la academia. Y a la academia neoliberal no le gusta el lumpen proletariado sin privilegios.

Cuando no tienes beca para hacer el Doctorado, todo cuesta más. Tienes que hacer la tesis, a la que le dedicas las horas de una jornada laboral, a la vez que tienes otro empleo remunerado. Esto, por supuesto, tiene efectos en tu vida privada, en tus relaciones sociales y en tu calidad de vida. Además, tener un empleo remunerado que te ata a tu puesto de trabajo no te permite realizar otras de las tareas que tienes que empezar a hacer si quieres continuar en la academia: ir a congresos. ¡A cuántos congresos he tenido que dejar de ir por tener que estar trabajando en alguna cosa no relacionada para nada con la universidad!

Y tienes que ir a congresos. Tienes que hacer méritos. Tienes que ir en busca de más líneas para tu CV, hasta que tu currículum sea más grande que tú. Acabas coleccionando méritos: has ido a tal congreso, te han aceptado tal artículo en tal revista. El neoliberalismo que se ha metido en la academia hasta la médula establece unos criterios meritocráticos que generan unos estándares muy difíciles de conseguir, alcanzables a costa de tus horas de sueño, de tu salud mental y física y, también, reconozcámoslo, de la calidad de lo que acabas publicando.

Existe una locura con publicar en la academia actual. Publish or perish, publica o muere. Y, además, no vale con publicar en cualquier sitio, no. Tiene que ser en las revistas que aparecen en los índices que señalan las que son las chachis. Y también hay que publicar en inglés, que es lo que se lleva. Y hay que estar en proyectos de investigación, y proponer cursos, y dar clases en la uni, y corregir trabajos fin de máster, y formar parte de comisiones, y ser revisora en revistas de las chachis. No me estoy quejando de que haya que trabajar mucho siendo académica, me estoy quejando de que hay que hacer un montón de tareas, no remuneradas, que sirven para añadir más y más y más líneas a tu currículum. Para que cuando te evalúe alguna comisión para alguna cosa (y te evaluarán, seguro) puedan tener muchas líneas que leer para ponerte una buena nota que te permita no ser la última de la lista y que tu autoestima no se vaya al traste.

Por otra parte, estar en la academia es acostumbrarse a que te digan que no. Que no te mereces una beca, que no te dan un trabajo, que no escribes lo suficientemente bien como para que te publiquen, que lo que tienes que decir no es lo suficientemente interesante como para estar en un congreso. Leí una vez un señor que había escrito su CV de fracasos. Con este ejemplo podemos poner en perspectiva cuánto se tiene que aguantar el fracaso en la academia neoliberal ultracompetitiva.

Evidentemente, esta constante evaluación de tus méritos, ya sea con un resultado finalmente positivo o negativo, tiene efectos perversos en nuestra propia identidad. Cuantas más líneas tienes, más buena eres. Eres tan buena como largo sea tu CV. Esto, evidentemente, afecta a nuestro autoconcepto y a nuestro autoestima. También a nuestro sentido de la competitividad. La academia neoliberal nos quiere convertir en monstruos que nos arrancaríamos mutuamente la cabeza por las migajas de una beca precaria. No obstante, tengo la suerte de ver cómo prevalecen redes de apoyo mutuo. Tengo la suerte de tener amigas y mentoras en la academia que tienen otros valores diferentes, y que potencian la colaboración entre nosotras más que la competitividad. De esta manera, y solo de esta manera, podemos mantener nuestra salud mental y física, a la vez que encarnamos cierta resistencia contra las tendencias ultra-neoliberales de la academia actual.

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