La depresión postparto, ¿una cuestión de hormonas?

Si es que las mujeres estamos locas a causa de nuestras hormonas. Por ellas cambiamos de opinión, por ellas somos inestables, por ellas hasta sufrimos depresión postparto… Espera, ¿de verdad?

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Ilustración de Dani

El ciclo hormonal de la mujer siempre ha sido señalado como el responsable de muchos de nuestros comportamientos, llegando al punto de colocarnos en la categoría de “ser irracional” por nuestro ciclo menstrual. Esto no es algo que diga a la ligera, puesto que se ha llegado a utilizar a lo largo de la historia incluso como argumento sobre por qué las mujeres no debemos estar en política. Y aún hoy se siguen escuchando algunos argumentos rancios al respecto o en otros asuntos cotidianos.

No quiero decir que las hormonas no influyan absolutamente nada en nuestro comportamiento -también influye en el de los hombres, porque sí, ellos también hormonan y además sus ciclos son diarios- pero también es verdad que un ser hormonante sin un ambiente no es nada; Y es que no estamos aisladas del mundo y así como nuestras hormonas modulan la respuesta de cómo nos enfrentamos al mundo lo que en él sucede también afecta nuestras hormonas. Es decir, es un camino de doble vía el tema de las hormonas y el ambiente, aunque a veces se nos olvida.

Cuando se señala a las hormonas como responsables de nuestro comportamiento estamos perdiendo el foco de lo que importa y esto es: lo que nos cabrea, lo que nos afecta, lo que nos hunde. El estado hormonal hará que nos enfrentemos de modo diverso a ello, pero eso no quita que lo que nos perturba siga siendo un acontecimiento en concreto. Son contadísimas las ocasiones en las que las hormonas son el problema de base, o al menos el único, y esto suele suceder cuando hay un problema importante de salud de fondo. Pero parece una verdad incuestionable que las hormonas son las responsables cuando en realidad son sencillamente un elemento más de la fórmula.

En lo referente a la depresión postparto nos han dicho centenares de veces lo mismo: el cambio hormonal súbito sume a la madre en la depresión. Esto lo hemos oído todes y es lo que me enseñaron a mí en la universidad. Pero ¿qué hay de cierto en esto? ¿Son las hormonas las que sumen a la madre en la depresión postparto? ¿Aquí nuestra “parte animal” nos juega malas pasadas? ¿Una vez más es nuestro cuerpo hormonante el responsable de nuestros males?

Cuestiones psicosociales en la aparición de la depresión postparto

Son varias las cuestiones sociales que suman puntos para que después del parto se pueda sufrir depresión. Tantas como todo lo que se tiene que enfrentar la persona que pasa por este proceso. Unas cuantas de ellas son las siguientes:

  • Ansiedad durante el embarazo

La ansiedad y los eventos estresantes durante el embarazo y el puerperio propician la aparición de la depresión postparto(1). La vida está llena de eventos estresantes que influirán en ello, pero el caso es que el embarazo puede ser una cuestión estresante en sí misma. Esto es así porque las personas embarazadas se enfrentan no solamente a un gran cambio en sus vidas sino a todo lo que conlleva traer una persona nueva al mundo: dudas médicas, existenciales, miedos, incertidumbres… preguntas, preguntas y más preguntas.

¿Y qué hacemos con estas preguntas? ¿Cómo gestionamos el cambio que nos viene? Hoy día, básicamente, tiramos de google. Pero google difícilmente ofrece un cojín lo suficientemente bueno y seguro. Lo cierto es que, además, no hay un soporte socio-sanitario lo suficientemente implicado. No hay nada así como una asistencia que se ofrezca a cada nueva familia. Todo lo que tenemos es a nosotres y toda la información -buena y mala- que podemos encontrar en la red o en libros.

La información es poder y lo es especialmente en el caso del embarazo, porque es la manera de tomar el control de nuestra situación, de saber realmente qué es lo que viene y estar listes para ello. Si no tenemos esta información luego pueden devenir sorpresas que pueden sumirnos en más estrés y desesperación y sí, llevarnos a la depresión. Desde la preparación para el parto hasta la lactancia, desde las necesidades del bebé hasta las cosas aparentemente extrañas que puede hacer… Sobre todo esto necesitamos información y alguien que solvente nuestras dudas y nos tranquilice.

Además hay otra cuestión para la que tenemos que estar preparades, y es saber qué implica tener una personita que va a depender de nosotres las 24 horas del día. Necesitamos saberlo para hacernos fuertes.

Todo esto nos dice mucho de la falta de apoyo institucional pero también habla mucho de nosotres como sociedad. Y con esto voy al siguiente punto.

  • Falta de soporte social

La falta de soporte social y el de la pareja en particular suponen otro factor para que aparezca la depresión postparto (3,) (4), (5). Sentirnos arropadas, protegidas y queridas es algo que absolutamente siempre necesitamos, pero cuando llega este momento en el que traes otra persona al mundo esto se convierte en algo especialmente cierto.

Porque si hay red las dudas se diluyen, se solventan en grupo, hay un consuelo y una comprensión. Pero estamos en una sociedad en la que cada une se mira al ombligo, profundamente individualista. Cuando nos enfrentamos a una cuestión importante como ésta  y sólo podemos recurrir a nuestro pensamiento y a las contradicciones de internet, esto nos sume en un vacío importante, nos angustia, nos hace sentirnos solas y desamparadas. En esta situación en particular es fundamental el apoyo de la red social. De la comunidad. De la tribu. Que no es algo que se suela tener.

A esta falta de soporte debemos sumarle todas esas críticas que se reciben de cómo deberías ser madre (si eres mujer cis), porque va a parecer que nunca lo haces lo suficientemente bien. Y claro, enfrentarte también a que el padre (si eres hetero) lo hace todo de maravilla por sencillamente hacer algo. Ya sabemos: críticas para la madre y exaltación del padre (en parejas cishetero). Esta es otra manifestación del poco soporte social.

  • Mitificación de la maternidad y sus implicaciones

Se nos vende que la maternidad es algo bello y lleno de magia. Que no hay nada más bonito en este mundo que tener une hije, que su sonrisa nos calma todos los males y que, básicamente, tu vida se convierte en un arcoiris con unicornios y pompones de algodón multicolores.

Lo que ya no nos cuentan es que la lactancia puede volverse una auténtica historia de terror, llegando a tener que morder algo para soportar el dolor que te causa, que tus pezones se pueden poner en carne viva, que puedes sufrir pérdidas de orina o estar sin tener relaciones sexuales durante un año después del parto. No nos hablan de las hemorroides, de que se te acabó el dormir más de dos horas del tirón y que después del parto tienes que seguir expulsando durante unas semanas los loquios, nada agradable. Y un largo etcétera. Esto sumado a lo ya dicho, pasar de estar tú sola a tener alguien que depende de ti las 24 horas del día y de cuyos procesos vitales puede que no estés lo suficientemente informada, todo se puede volver fácilmente en un caos.

Porque sí, la cara fea de la maternidad existe, la pérdida de calidad de vida se da, y cuanto más tardemos en hablar de ella más se seguirá extendiendo el mito de que todo es fantástico y, por tanto, tendremos a personas  poco preparadas para lo que viene. En consecuencia: seguiremos poniendo en riesgo a otres de caer en depresión postparto.


Dejemos de demonizar a nuestras hormonas, a los cuerpos  -de mujer cis mayoritariamente- como los responsables de que esto pase, porque esto implica un desentendimiento de las cuestiones sociales que hay alrededeor que son las que propician que la mujer que acaba de tener un bebé caiga en una depresión. Y esto no solamente afectará a su calidad de vida sino a la del bebé.

Además fijémonos en algo: la depresión postparto nos está señalando algo fundamental que va mucho más allá del puerperio e incluso más allá de la maternidad: nos habla de la falta de soporte, de la falta de comunidad, del individualismo extremo en el que vivimos. De la falta de información sobre aquello categorizado como “femenino” como es el embarazo. De la fantasía que se nos vende socialmente de la maternidad. Del silencio de la verdad oscura que hay respecto, una vez más en un aspecto históricamente asociado a las mujeres cis.

Rompamos el silencio: la depresión postparto existe y es mucho más frecuente de lo que pensamos. No es de locas. No es de desequilibrades. No es “una cuestión de hormonas”. Y nosotres como sociedad tenemos una responsabilidad que asumir.


Bibliografía

(1) E. R., S. G., & T. W. (2004, Julio & Agosto.). Antenatal risk factors for postpartum depression: a synthesis of recent literature. Accedido en Mayo, 2017, de http://www.ghpjournal.com/article/S0163-8343(04)00039-8/fulltext?cc=y=

(2) Del Campo, L. G. (2003, Noviembre). Ensayo clínico controlado sobre el efecto de la psicoprofilaxis obstétrica en la incidencia de la depresión postparto. Accedido en mayo, 2017, de http://www.nureinvestigacion.es/OJS/index.php/nure/article/view/108/95

(3) M. O. (1986, Junio). Social Support, Life Events, and Depression During Pregnancy and the Puerperium. Accedido en mayo, 2017, de http://jamanetwork.com/journals/jamapsychiatry/article-abstract/493821

(4) C. E., & R. T. (1986, Diciembre). Social Support, Infant Temperament, and Parenting Self-Efficacy: A Mediational Model of Postpartum Depression. Accedido en Mayo, 2017, de http://www.jstor.org/stable/1130428?seq=1#page_scan_tab_contents

(5) M. L., & McBride, A. B. (1994, Diciembre). Social support and postpartum depression. Accedido en mayo, 2017, de http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/nur.4770170608/abstract

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