Relación a distancia: lo que es, lo que ofrece… y lo que no puede

¿Es posible una relación a distancia? ¿Posibilidad de éxito o fracaso seguro? Tener una relación a distancia tiene sus dificultades -como en toda relación- pero éstas son algo diferentes al resto de relaciones. Irene las analiza con conocimiento de causa.

Relación a distancia
Ilustración de Dani

Ay, enamorarse. Puede sucederte cuando menos y con quien menos te lo esperas. Del vendedor de toda la vida de tu quiosco del barrio, de la cajera del supermercado, de esa chica tan maja que conociste en la ciudad de al lado… o de alguien con quien coincides casualmente pero resulta que vive a muchos kilómetros de ti. Y si es este caso, ¿qué haces? ¿Dices que no? Claro, es una posibilidad y estás en tu derecho a no querer embarcarte en algo así, que fácil no es, pero hay quienes decidimos tirar hacia delante.

Sí, decidimos. Yo soy una de esas personas que tienen una relación a distancia. Para ser exacta mi pareja vive a algo más de 700km de mí, así trazado en línea recta. Por lo que este artículo trasciende el simple análisis de la cuestión para ir también a lo personal. Vamos, que voy a abrir mi sentir para hablarte del asunto y procuraré no dejarme nada elemental. Eso sí, si buscas un artículo que te hable de lo bello del amor y que te envíe el mensaje de “el amor todo lo puede” este no es tu artículo. Te voy a contar el grueso de los claroscuros de la cuestión. Que no son pocos ni “light”.

Pero… ¿se puede tener una relación a distancia?

Llegades a este punto y yendo a lo elemental ya habrás deducido que sí que se puede. Qué te voy a decir yo… Eso sí, con matices: hay que saber que no son para todo el mundo y que son relaciones que no pueden mantenerse siempre en esta distancia. Vamos, que la distancia tiene fecha de caducidad.

Nadie es capaz de aguantar toda la vida en una relación con una persona que vive a kilómetros. La realidad y la vida se acabarán imponiendo, y tener a tu pareja al otro lado del charco (o del barrizal, de las montañas o lo que sea) en momentos clave puede hacer mella. Puede generar distancia emocional entre vosotres. Puede que llegue el punto en el que la relación no pueda avanzar más. No porque no queráis, sino porque la distancia no os deje. Ya sea porque vuestros proyectos de vida no pueden unirse estando lejos o por el desgaste que puede generar no tener esa persona, la distancia no puede ser algo permanente.

¿Qué cuánto tiempo puede durar la relación siendo a distancia? Aquí no hay normas. Pueden ser unos meses, unas semanas o incluso algunos años. Todo esto depende del momento vital en el que estéis, del proyecto común que tengáis, de la capacidad de aguantar soledades y todo lo que conlleva o sencillamente de las ganas de soportar esta situación cuanto menos diferente. Dependerá un poco de los dos como conjunto y un poco de cada une a nivel personal.

Una vez dicho esto vamos a por lo siguiente: no es fácil. A todes nos gusta tener a las personas que queremos cerca y la relación a distancia te quita por definición esto: la posibilidad de ver a esa persona cuando te/os apetezca. Este es el plus básico que se paga y que es el que desencadena el resto de cuestiones que ahora te cuento.

Echar de menos toma una nueva dimensión

La dimensión de la imposibilidad. El “te echo de menos” en una relación a distancia ya no es un “te echo de menos, ¿cuándo nos vemos?” si no que es un “se me va a hacer largo hasta X fecha del calendario”. En una relación a distancia echas mucho de menos y ya no tanto por no verle más, que también, sino por la imposibilidad de poder hacerlo. Esto cae como una losa especialmente dura cuando tienes un mal día, atraviesas una enfermedad o recibes una mala noticia. Es decir, hay una dimensión del cuidado que te da una pareja que no está siempre presente, no es siempre posible, y esto no es fácil.

¿Lo bueno de echar tanto de menos? La ilusión cuando llega el día del reencuentro. Las ganas de aprovechar cada momento. La enorme sensación de felicidad de despertarte, por fin, a su lado y oler su piel.

Todo se vuelve especialmente intenso para luego, de repente, caer otra vez en ese vacío cuando os separáis. Un vacío en el que puedes sentirte sola de una manera muy particular y fría. En una relación a distancia vives en una constante montaña rusa emocional. Una especie de extraño bucle en el que aprendes que también te puedes cansar de echar de menos.

Di adiós a la espontaneidad

Si eres de les que te gusta dejarte llevar e ir improvisando planes, si tienes una relación a distancia con tu pareja esto no va a poder ser: lo más espontáneo que podrás hacer es una llamada sorpresa, pero poco más. Vuestros encuentros estarán programados.

La comunicación requiere un extra

Cuando no puedes interactuar con el otre en persona se pierden los gestos, se pierden las miradas, se pierden los matices y los detalles, por lo que los malentendidos son más fáciles. Si esto ya sucede con las llamadas telefónicas, incluso las videoconferencias, imagínate con los mensajes de whatsapp. La ausencia de TODO excepto las palabras -y las no palabras- en esta plataforma da vía libre a la interpretación, al error, al sesgo, a la descontextualización… Es decir, te pueden saltar las alarmas por menos que nada.

Por eso es muy importante que haya una buena comunicación e ir con cautela a la hora de interpretar nada a través de esta plataforma. Aunque, por un lado está muy bien para mantener el contacto, para tejer puentes, (cada whatsapp no deja de ser un “me acuerdo de ti”), también es cierto que se puede leer muy fácil entre líneas.

Otra cosa: las discusiones. Es más fácil dejarlas pasar, no querer decirle que aquello que te ha molestado o que pienses “cuando nos veamos ya lo hablaremos”… y luego os veis pero quieres aprovechar el momento y pasas de sacarle el tema. Por eso hay que decir lo que molesta siempre sin que haya pasado mucho tiempo. Si esto ya es una norma que hay que seguir siempre, en una relación a distancia es más importante todavía: si no se acumulan las cosas y ya sabes lo que pasa con lo acumulado: tarde o temprano explota.

En definitiva: comunicarse es un handicap y hay que ser firme, estar atente y ser cautelose a la vez. ¿Fácil? No. Pero a ver… ¿aquí quién ha dicho que una relación a distancia sea sencilla? ¡Yo no!

Oportunidad de autoconocimiento: hola, fantasmas

A ver, tener una relación a distancia también te da la oportunidad de conocerte mejor. Sino que se lo digan a mi terapeuta… ¡la de cosas nuevas que han surgido!

Enfrentarnos a situaciones nuevas siempre nos abre la posibilidad de conocernos mejor, pero cuando se trata de una relación, con todo lo que implica a nivel personal y a nivel relacional, esto es especialmente cierto. Aunque así dicho suene muy bonito la verdad es que salen muchos fantasmas: miedos, inseguridades, ansiedades varias y vacíos.

También te das cuenta que la inseguridad te puede jugar malas pasadas y que incluso los celos, eso de lo que pensabas que estabas por encima, te saludan. Es muy, muy fácil tener una punzada de celos cuando no ves a la otra persona y te dice que se va con tal o con cual. Es muy fácil sentirla si lees entre líneas -recuerda: ¡no lo hagas!-. Si piensas que “y si…”.

Pero lo cierto es que no te queda otra que confiar en la otra persona con los ojos cerrados. Y nunca mejor dicho, porque ver no vas a ver nada. Y esto también lo tiene una relación a distancia duradera: aprendes a confiar de una manera en la que nunca lo habías hecho.

Por otro lado este hola a tus fantasmas también es un saludo a tus fortalezas. Porque a través de todo esto que surge te conocerás más y sabrás de lo que eres capaz. Te harás más fuerte en tus irremediables soledades no elegidas. Y es que aguantar el no ver a la persona de la que estás enamorada constituye una fortaleza no apta ni disponible para todo el mundo.

Recapitulando…

En definitiva: ¿es posible y soportable una relación a distancia? ¿Puede ser algo bueno para mí? La respuesta más exacta sería: depende. Depende de si estás dispueste y de qué tal lleves lo demás. Que puede que no quieras/puedas y no pasa absolutamente nada. No todo el mundo puede con las mismas cosas.

Pero si me preguntas personalmente yo te contestaría: adelante. Si la otra persona merece la pena inténtalo sin dudar.

Eso sí, prepárate para ser fuerte.

 

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