Porno, masturbación y feminismos

¿Somos menos feministas por masturbarnos con porno convencional?

Porno, Lust
Ilustración: Laura Farlete

Cuando oímos la palabra “porno”, seguramente lo que nos viene a la cabeza son esas películas cutrecillas, con música funky y el profesor diciéndole a la alumna “You have been a very bad girl…”. Bueno, también nos podemos imaginar a esa típica actriz porno con pechos de tamaño de dos melones gritando exageradamente con el pene de alguien al lado que, sinceramente, nunca sabremos quién es ya que la cara del actor da más bien igual.

Pensaba que el único porno que existía era ese, hasta que vi una entrevista de Erika Lust en la tele hace unos cuatro años. Era el momento en el que no era tan conocida y reivindicaba un tipo de porno que rompiese con todos los clichés que rodean la estética de la industria pornográfica. Iba en contra de todo lo (hetero)normativo del cine porno convencional, como por ejemplo las zonas genitales sin pelo, las partes del cuerpo operadas, los planos de cámara donde solo se ve una vagina siendo penetrada, las películas centradas en el placer del hombre (incluso las de “lesbian couple”). Lust reivindica que el porno precisamente no está hecho para el placer, sino que es un generador de un discurso de la sexualidad claramente machista.

El producto erótico o más bien artístico que ofrece, siempre está acompañado de música. Además, no es simplemente decorativa sino que contextualiza el film y juega un papel articulador del discurso narrativo. Es magnífico, pero ¿por qué sólo se contempla el “porno feminista” como que puede utilizar música? En general hablamos de un producto más cuidado que el porno convencional tanto estéticamente como a nivel de narración. Y se agradece, porque necesitamos ese cambio de mentalidad y más visibilización sobre el placer femenino. Pero parece que el poner música de ambiente hace que el porno pase a ser una película de cine de autor.

Empecé a investigar sobre el uso de la música en el porno feminista (en este caso concreto de Erika Lust) y hubo algo que me llamó mucho la atención. Realice encuestas a 30 hombres y 30 mujeres de entre 18 y 60 años, simplemente tenían que mirar uno de los largometrajes de Lust Films y responder una serie de preguntas. Las más importantes eran si les ha sorprendido la presencia de música en el film, si miran porno en su día a día (y si lo miran, qué tipo de porno es) y si una vez descubierto este tipo de film, seguirían mirándolo en su vida privada.

A la mayoría de los encuestados les sorprendió la presencia de la música en el film pornográfico. De las mujeres encuestadas, aproximadamente un 60% miraba pornografía, y de ellas, casi un 80% miraba pornografía lésbica en páginas de acceso gratuito. En el caso de los hombres, el 90% era consumidor de pornografía, y en ellos, las categorías pornográficas consumidas eran mucho más variadas. Lo que me sorprendió es que la mayoría de mujeres menores de 40 años, a la pregunta de si este film formaría parte de su próxima búsqueda pornográfica, respondieron que no. Los porqués estaban relacionados con la lentitud del film, con el embellecimiento de la escena y con el uso de planos “poco explícitos”. Más de una respondió que, simplemente, estaba conforme y acostumbrada al porno convencional.

Las conclusiones a las que llegué es que efectivamente, la música embellece la escena, la dota de un halo artístico y transforma una película porno en un producto artístico más sofisticado. Pero aquellxs que ponemos en el buscador de Google la palabra “porn” para que nos redirija a Pornhub, por ejemplo, estamos más que acostumbrades a ese porno que se centra en el placer del hombre. Pero a la vez, llevamos años masturbándonos y siendo feministas. Personalmente, me gusta el porno feminista, creo que es mucho más ético y que representa muchísimo mejor la sexualidad. Pero a la vez, sé que muches, aun sabiendo que estamos viendo un producto sexista, nos hemos hecho un hueco en esas páginas porno mundialmente conocidas. Sabemos lo que nos gusta, disfrutamos sexualmente viendo ese tipo de film pornográfico y seleccionamos el mejor contenido, aunque a veces sea tremendamente sexista.  

Entonces qué, ¿somos menos feministas por masturbarnos con porno mainstream? Lo dudo. Nos hemos acostumbrado a mirar solamente el inicio del vídeo, el medio y el final. Y les tenemos cariño a las actrices porno convencionales con su maquillaje y sus gritos exagerados. Muches no necesitamos ni diálogo ni un largometraje. Y lo siento, pero me molesta que en muchas ocasiones -no todas- cuando se haga porno feminista se piense en un producto mucho más delicado. Al final, y sin quererlo, lo único que hacemos es caer otra vez en los clichés de mierda que precisamente evitamos.

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1 Comentario

  1. Alguna vez me hice esa pregunta. Y si vi a Erika Lust. No hizo el mismo efecto… puede ser por costumbre, no lo sé. Pero si decidí sin remordimientos que no soy menos feminista por disfrutar de mi sexualidad como quiero y cuando quiero

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