La falsa liberación sexual

Estamos en una época en la que se nos vende que las mujeres gozamos de una libertad plena en el campo de la sexualidad cuando lo que estamos viviendo en realidad es una época de hipererotización del cuerpo femenino, acompañada de una cultura hipersexualizada y un bajo autoconocimiento del deseo propio. Vamos, estamos en medio de un auténtico cóctel sin precedentes.

 

Ilustración de Blanca

La confusión entre liberación sexual y disponibilidad sexual

Vivimos en una sociedad en la que se nos demanda a las mujeres ya no solamente estar siempre perfectas, sosegadas, presentables, delgadas y bellas, sino estar siempre disponibles para el sexo. No estarlo implica caer en la categoría de “mojigata”, de “estrecha”, etiqueta que no se corresponde con el ideal de mujer de hoy. Etiqueta que nos ha caído a muchas por decir NO, por tomar este derecho a mostrar nuestro deseo (o no-deseo). Estar siempre accesible sexualmente es una nueva demanda que se nos vende como “estar liberada sexualmente” y se toma cualquier negativa a tener sexo por nuestra parte como muestra de represión.

Sí que es verdad que, por suerte, vivimos en una época en que tenemos más libertad que en las épocas justo anteriores. Sí que es cierto que se vivió una liberación sexual a nivel histórico que cambió mucho la relación de las personas y con nuestro propio cuerpo. Pero que haya habido ese movimiento histórico no significa que ya esté todo hecho, que no haya nada sobre lo que reflexionar ni que no haya nada que cambiar. Porque para conquistarnos por completo todavía queda un largo camino que recorrer, y la sexualidad es una de esas vías que tenemos que explorar del derecho y del revés, a lo largo y a lo ancho.

Todo este imaginario de mujer moderna, joven, alocada, sexy, disponible e hipersexual que se genera y es potenciada en gran medida por los medios de comunicación puede darnos la sensación de que se corresponde a un reconocimiento de nosotras como seres sexuales y deseantes. Pero en realidad no es más que otro modelo de mujer, otro ideal impuesto de mujer para los demás, de mujer que busca que la deseen pero no muestra su deseo, porque no lo conoce. De mujer que erotiza pero que no se erotiza; Es un ideal que no encierra la idea de mujer conocedora de su propio deseo, que no subjetiviza el deseo, sino que lo objetualiza ya que no surge de una, no surge de un deseo consciente y propio, sino que lo enseña para que lo tomen y le den forma desde fuera.

Porque en realidad, ¿qué nos muestran? Mujeres disponibles, mujeres accesibles, mujeres que se ofrecen. Pudiera parecer que mostrar a la mujer de manera erotizada es reconocer su potencial sexual pero en realidad no es así porque lo que se nos muestra no son mujeres con un deseo propio y definido sino mujeres cuyo único objetivo es erotizar y satisfacer las fantasías sexuales del macho. Y digo macho, que no masculinas, porque nos propician a erotizar un tipo determinado de deseo muy específico: el del coito, y no cualquier coito, sino el dominante –lo que resulta especialmente curioso ya que la inmensa mayoría de las mujeres no son capaces de alcanzar el orgasmo con tan sólo esta práctica…-. Sin embargo es la que más se ve, el que tiene más representación y al que remite nuestra mente cuando pensamos en “sexo” -con un hombre cis-.

A esto hay que añadirle el hecho de que no se fomenta que conozcamos el deseo propio. Este es otro campo en el que sucede como en el amor: que se supone que ya nos apañamos, que es algo que saldrá sólo, cuando para conocer nuestro deseo hace falta una búsqueda consciente del mismo. Hace falta un aprendizaje que nos haga dirigir esta pulsión hacia un lugar o hacia otro, que nos abra las miras y no que las centre solamente en una práctica. Y al no hacerlo, al no haber una educación sexual que lo propicie, se nos deja solas en este contexto que nos hipersexualiza y a la vez nos dice que son ellos los que tienen que entrar a ligar; En el que se asocia el sexo a este coito salvaje; En el que es otra exigencia el ser las amantes perfectas y parece que el papel del hombre se reduce a la función de su pene y a saber dónde tenemos la vagina -que no la vulva-.

Todo este juego que potencia nuestra disponibilidad sexual pero no hace lo mismo con el conocimiento del deseo, no es más que traer el modelo tradicional de mujer como dadora al plano sexual: somos la que ofrece, la que satisface, la que adapta el propio deseo al deseo ajeno. Al deseo del macho.

¿Cómo vamos a ser poseedoras de nuestro propio deseo cuando se supone que nuestro único deseo es ser penetradas por el macho? ¿Cómo hablar de una libertad sexual completa en las mujeres si lo que se espera de nuestra sexualidad es el poder de erotizar al macho y responder solamente al hambre de coito? ¿Cómo podemos usar el concepto “libertad sexual” cuando no se nos otorga el derecho de decir NO, bajo amenaza de castigo social? ¿Cómo vamos a enfocar correctamente nuestro deseo si no se fomenta por ningún lado que lo hagamos?

La libertad en una misma, en cualquier campo, empieza por un autoconocimiento. El “estar disponibles” pero no dispuestas a nosotras mismas no trae la libertad completa que se nos vende que tenemos.  El vivir el erotismo desde el deseo ajeno es de todo menos liberador.

Consecuencias de una “liberación sexual” sesgada

Las consecuencias son múltiples, comenzando por la insatisfacción sexual. Son muchas las mujeres que consideran que tienen un problema por no alcanzar el orgasmo con la penetración, que toman esta práctica como LA práctica, con la que deberían disfrutar como con nada más. Es esta práctica con la que se considera que “se pierde la virginidad”. Es ésta la que está infinitamente representada en cualquier película. Es lo único que nos dicen que deberíamos desear cuando el deseo y las posibilidades en el sexo son mucho más vastas.

Dentro de estas demandas de hipersexualización y autodesconocimiento del deseo en el que se nos vende como “lo normal” esta hiperactivación sexual, no se reconoce que el deseo no es algo estático, sino que es fluido, por lo que puede variar de una época a otra en la misma mujer. Y también es cierto que el deseo sexual es algo muy particular, y unas mujeres tendrán mucho más deseo que otras sin que esto represente ninguna anormalidad o patología.

Además trae temas de culpabilización -a parte de por no poder llegar al orgasmo con el coito- por no tener más deseo sexual. Somos muchas las mujeres las que hemos caído en la trampa de pensar que somos “poco sexuales” o que algo falla en nuestro deseo, cuando es algo completamente lógico no tener ganas de sexo siempre o siempre que se presenta la ocasión.

Son muchas, muchas más las consecuencias que esto trae en nuestro día a día, siendo la más sangrante la sexualización de las niñas que ya les enseña que su capacidad de seducir es su principal valía y potencial.

Una auténtica liberación sexual sería aquella en que a las mujeres nos dieran voz, para que otras mujeres nos escucharan; Que atendieran a nuestro deseo real para poder compartirlo, representarlo y mostrar su diversidad. Donde se nos respetara y fomentara el deseo propio. Donde se nos mostraran más opciones, donde se nos subjetivizara en los medios y donde se nos educara en erotizarnos a nosotras mismas. Donde nos enseñaran a dejar de tener miedo al cuerpo y a sus sensaciones. Donde no se nos sancionara si hiciéramos lo que decidiéramos hacer con nuestro cuerpo, nuestra vida y nuestra sexualidad. Donde dejáramos de tener miedo en este campo.

Pero pese a todo, pese a estas representaciones monolíticas del deseo sexual femenino, pese a este sesgo en la supuesta “liberación sexual”, nosotras tenemos mucho que decir y que hacer. Tenemos muchos pasos a dar y el primero es atrevernos a explorar nuestro propio placer. Para hacerlo grande y compartirlo. Darnos crédito a las emociones, sensaciones y pensamientos. No temer a nuestro cuerpo y dejar de lado que nuestros genitales y nuestro cuerpo son algo sucio.

Atrevernos, por fin, a conocernos en este campo y no dudar nunca de que nuestro deseo no es incorrecto ni hay nada malo ni erróneo en él. Ni en nosotras.

*Artículo escrito originalmente en En tu propia nube.

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2 Comentarios

  1. Me ha gustado mucho muxho muxho. Me ha dado idras para mi discurso para mi trabjo de final de grafo el cual hablo sobre la falsa liberacion sexual.
    Gracias

  2. Es muy interesante el punto de vista que se expresa en el artículo porque desvela la mentira de la liberación sexualidad de la mujer. Aún así creo estar leyendo un mensaje de hace muchos años. Porque las mujeres de ahora no esperan que el hombre las juzgue son ellos quienes siguen en un rol atrasado que no ha evolucionado. De acuerdo con que los medios, el cine, una parte de la oferta cultural hipersexualiza la imagen de la mujer, a la mujer real, pero la mujer de hoy se defiende, se rebela, se sale del cliché y lo da la vuelta. La sociedad, el hombre en concreto no es quien ha de darnos otro valor, quien ha de valorarnos así o asao. ¡Somos nosotras mismas! ¡Cuántos años llevamos pidiendo tanto a los hombres a la sociedad sobre nuestra propia capacidad de ser autónomo e igual al hombre! La mujer informada ya ha tomado las riendas, ya es ella quien pide cómo, cuándo y por dónde. Sin los hombres quienes siguen en siglos pasados. Son ellos quienes no distinguen vagina de vulva y no saben nada del placer de una mujer ni se molestan en aprenderlo.
    Por eso pongo esta crítica al texto. Le noto un cierto tono maternalista hacia la mujer. ¡Ya está bien de enfocar mal! ¡Que espabile el hombre, si quiere alcanzarnos que la mujer sabe lo que quiere desde hace mucho.
    No niego el machismo imperante y los grandes pasos que aún hay que andar, pero el poder de la mujer en su propia iniciativa y capacidad de vida al margen de clichés es también evidente.

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