El clítoris, ese gran desconocido

Sí, hablamos del clítoris, una vez más. No paramos de hacerlo, y aún así, no paramos de flipar con el desconocimiento que existe.

Clítoris
Ilustración: Patricia Corrales

Hace dos días estaba en un bar explicándole a un colega dónde estaba el clítoris. A un colega de unos… veintiocho años. No me quedó muy claro, pero creo que creía que estaba dentro de la vagina, y que era el punto G en realidad.

Todo en general me preocupó bastante, a la vez que me llevó a un estado de paz interior. Durante muchos años he estado pensando que mi sexualidad estaba atrofiada porque me costaba (y me cuesta) llegar mucho al orgasmo(s) cuando no estoy masturbándome. Y creo que gracias a esa charla entendí que muchas de las personas con las que había estado no tenían ni puta idea.

Con esta afirmación no estoy echándole la culpa a nadie. A ninguno de, en este caso, los chicos con los que he practicado sexo. Pero nos hace falta mucha más educación sexual. Yo puedo ir dando charlas de qué es un clítoris, de cómo hacerlo, de cómo no hacer daño. De que esto no es rough sex. Ni soy algo a ser penetrado únicamente. En mi caso, además, practico la penetración porque sé que es placentera para ellos. Pero ¿y sientes placer? Claro que siento placer, pero simplemente es un placer menor al que puedo sentir haciendo otras cosas igual o más maravillosas.

No todas las relaciones sexuales que he tenido han sido así, obviamente. He disfrutado del sexo todo lo que he podido pero si lo que quiero es un rollo de una noche, la cosa se vuelve mucho más complicada. Ya desisto en tener ese tipo de encuentros sexuales porque sé que igual me va a tocar dar una clase de donde está el maravilloso clítoris, o simplemente empezar a debatir lo que me gusta o lo que me hace daño y porqué. Y el porqué lo voy a tener que dar porque seguramente la mayoría de compañeros se van a sentir frustrados o, aún peor, van a intentar echarme la culpa de que no llego al orgasmo, como si ese fuera el único final posible a nuestro encuentro sexual.

El clítoris, ese gran desconocido

Yo ya intenté hacerle entender a alguno que si me la metía no me iba a correr. En mi caso, sólo llego al orgasmo si me hacen sexo oral o me masturban. Cuando lo explico, la mayoría se lo toma como una ofensa a su capacidad personal de dar placer. Pero joder… Alguno me ha intentado masturbar sin tocarme el clitoris, y eso es muy difícil hacerlo. Pues lo consiguió. Otras veces, cuando me hacían sexo oral, se pensaban que tenían que aspirar algo de mi vagina. Como una de esas aspiradoras, las Rumba, que no tienen rumbo alguno, igual que la lengua del chaval de aquella noche.

Le deberíamos dar las gracias a nuestro maravilloso amigo, el porno. Si tú entras a las páginas porno más “mainstream”, aquellas que te salen cuando buscas “porno en Google” – como pornhub, your porn, Xhamster -, el acto sexual se resume a meter la polla y correrse. A veces al principio del vídeo, el sexo oral es recíproco y no sólo lo recibe el hombre, pero… sinceramente, se ve poco. Por lo tanto, el acto sexual, según la mayoría del porno mainstream, se resume a meterla. La mujer es un recipiente, es penetrada y encima debe disfrutar. Pero que no nos extrañe que sólo quieran meterla, porque ya no es sólo una falta de educación sexual lo que está sucediendo, es una malinterpretación de la sexualidad de la mujer y de la función de su cuerpo.
Al final me resigné a hacer humor de todo esto y acabé siendo la monologuista por excelencia de mi grupo de amigues. Todes se reían cuando les explicaba que igual hacía un PowerPoint explicando lo que era el clítoris, dónde estaba y cómo funcionaba. Y sinceramente, lo sigo pensando. Igual la próxima vez, en vez de llevarme “lencería sexy”, me llevo un proyector.

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