Descubre la erótica de la globalidad

En contraposición a la erótica de la genitalidad, heterocoitocéntrica, la erótica de la globalidad nos descubre infinitas posibilidades para el placer.

 

Ilustración de Qam

Extendí la mano debajo del grifo para comprobar que el agua estaba caliente. Se encendió algo adentro y decidí conectar con mi cuerpo. Sentía cada poro de mi piel abrirse con un pequeño picor ante el calor del agua, sentía cómo se erizaba mi piel con el contraste del vapor y el frío que esperaba fuera de la ducha. Me duché como nunca antes lo había hecho.

“La sexualidad es la apertura de los sentidos al placer”, dijo Fina*. Esta frase revoloteó en mi cabeza mucho tiempo. Así que mi sexualidad también era esto… Esto que me salía por cada palmo de mi piel, que entraba y me recorría, tintineante, las entrañas.

La sexualidad no tiene una sola expresión, sino que se abre paso allá donde dejemos a nuestro cuerpo sentir. Sin embargo, la vivencia de la misma está inevitablemente vinculada a las construcciones culturales. Nuestras relaciones sexuales con otras personas o con nosotres mismes están influidas por lo que se considera normal o anormal en nuestra sociedad. Para fomentar nuestro crecimiento erótico, es importante ser consciente de ello y cuestionar las creencias, mitos y normas que nos vienen del afuera.

Erótica de la genitalidad vs. Erótica de la globalidad

Nuestra cultura tiene su origen en la tradición judeocristiana*. Esta ha transmitido muchos mensajes acerca de cómo tenemos que vivir nuestra sexualidad. Se ha escindido el cuerpo del espíritu, relacionando lo corporal con algo negativo y pecaminoso. Además, la sociedad patriarcal ha construido dos subculturas dicotómicas, la subcultura femenina y la masculina, obligando a posicionarse en una de las dos para entrar en la norma. Estas subculturas tienen a su vez una serie de roles y estereotipos asignados que encorsetan y limitan la vivencia de la experiencia sexual humana.

Tradicionalmente se nos ha hablado de la erótica de la genitalidad*, aquel placer que tiene que ver con las sensaciones localizadas en los genitales. Es más intenso, focalizado y con tendencia a la descarga. El desarrollo de esta erótica ha estado más permitida para las personas que han sido asociadas a la subcultura masculina. El hecho de que se nombren sus genitales y se alaben desde el nacimiento, que tocárselos en público esté socialmente aceptado o que se construya toda una simbología alrededor de ellos hace que se tenga mayor conciencia del placer que proporcionan.

Sin embargo, existe otra manera de sentir y disfrutar de la sexualidad, y es la erótica de la globalidad*. Este tipo de placer es más difuso, se extiende por todo el cuerpo y no tiene por qué terminar en una descarga genital, es decir, es un fin en sí mismo. Es aquello que sentimos cuando nos lavan la cabeza en la peluquería, cuando acarician nuestro cuerpo, cuando el sol calienta nuestra piel, cuando nos hacen trencitas en el pelo o nos masajeamos la cara poniendo conciencia en las cosquillas de las pestañas. Es algo que podríamos estar sintiendo durante horas. No se trata de preliminares, porque no preceden a nada que sea más importante que esto.

Este tipo de placer tradicionalmente ha estado más permitido para las que han sido asociadas a la “subcultura femenina” por no considerarse “sexualidad” desde el modelo hegemónico. De esta manera, hemos crecido teniendo contacto entre nosotras, acariciándonos los brazos mientras veíamos películas en el instituto, peinándonos unas a otras en el recreo y echándonos crema para no quemarnos.

Es importante tener en cuenta que tanto la erótica de la globalidad como la de la genitalidad pueden desarrollarse en todas las personas, y que la integración de ambas nos lleva a vivir la sexualidad de una manera más plena. Nuestro cuerpo es una superficie erótica en su totalidad, y como tal, el mapa erótico puede crecer, ampliarse y desarrollarse. La erótica de la globalidad tiene un potencial enorme para conseguir este crecimiento.

La vivencia de la erótica de la globalidad está íntimamente unida a la relación que tenemos con nuestro cuerpo. Y he aquí la paradoja: a pesar de que a las mujeres se nos ha permitido desarrollar la globalidad desde la tierna infancia, a medida que crecemos empezamos a mirar nuestros cuerpos con ojos de patriarcado. Esto supone, por una parte, que empecemos a vivir la sexualidad desde la genitalidad y el coitocentrismo; por otra parte, que veamos nuestros cuerpos a través de la mirada “del afuera” y “de los otros”; y, por último, que lo vivamos en función de la estética que tiene.

Claves para descubrir nuestro mapa erótico global

Es una tarea pendiente conocer nuestro cuerpo y contactar con nuestro deseo al margen de la mirada de “los otros”. Vivir al margen de nuestra sexualidad nos condena a vivir al margen de nosotras mismas.

Saber que mi cuerpo, más allá de ser gordo, flaco, celulítico, bajo o alto tiene sensaciones, me permite abrirme a las mismas y darme permiso para sentir placer. No hay más que volver la mirada hacia adentro para descubrir todo lo que nos puede aportar.

El trabajo para ampliar nuestro mapa erótico global debe ir acompañado de un/a profesional especializada/o. Es todo un proceso terapéutico de entrenamiento y tiene mucho de vivencial y presencial, pero para empezar, aquí van algunas claves:

Cierra los ojos y toma contacto con tu respiración. Poco a poco intenta conectar con las sensaciones que te va mandando el cuerpo: mira a ver si estás cómode, localiza en qué partes del cuerpo tienes tensión. Presta atención a las demandas que te va haciendo tu cuerpo.

Poco a poco, comienza a recorrer tu cara y cabeza con tus manos. De una manera suave ve despertando cada una sus partes: el pelo, el cuero cabelludo, la frente, las cejas, los párpados, las pestañas, la nariz, los pómulos, los labios, el mentón, las orejas y el cuello. Dale el tiempo que merece a cada una y no olvides respirar en cada parada para integrar las sensaciones. A medida que haces esto, presta atención a esas sensaciones que se despiertan… ¿Qué cosas te gustan? ¿Qué cosas no te gustan? ¿Hay algo que no hayas sentido nunca? ¿Hay alguna parte de tu cuerpo que tuvieras olvidada?

Sigue explorando y bienvenide a casa 🙂

* Sanz, Fina. Psicoerotismo Femenino y Masculino. Editorial Kairós. 1990.

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