La Menstruación del Futuro

El futuro de la menstruación es Queer, verde, pluralista y sana…

Ilustración de Ori Chalbaud

Menstruación. Históricamente silenciada, sentenciada al pudor propio de los fluidos que segrega el cuerpo. Con el plus de salir de la vagina, ese agujero interminable que esconde el más allá en el pasaje de lo sagrado hacia lo pecaminoso. Sangre menstrual, símbolo de impureza y del confinamiento social. Dependiendo de la cultura en cuestión hubo un tiempo en el cual la mujer menstruante era recluida en soledad. Aislada por el espanto acusada de cortar la mayonesa, secar los frutos y malograr el vino. Porque la creencia iba que siendo infértil es inútil; pues entonces prescindible. Muchas otras veces reunidas en sincronía uterina las mismas mujeres se acondicionaron un espacio donde menstruar en paz, conocido en el judaísmo como Carpa Roja.

Si bien la tendencia a patologizar la menstruación, junto con el tabú que tanto la caracteriza están en retirada; aún persisten sociedades en las cuales sigue siendo ofensivo menstruar. Tal fue el caso de una adolescente en Nepal que murió asfixiada por el humo del cuarto al cual fue recluida mientras menstruaba. Otros casos de distinta índole se ven en países de África, donde las niñas dejan de asistir a la escuela por no tener acceso a productos de salud menstrual durante el sangrado. En Perú, también existen casos de deserción escolar debido a que las instituciones educativas no cuentan con servicios higiénicos ni agua corriente -siendo que las niñas y adolescentes no pueden higienizarse adecuadamente esos días al mes. Mientras tanto, en otros países comienzan a discutir la posibilidad de dar licencia por menstruación durante esos días del ciclo.

Aún falta mucho recorrido por hacer, muchos procesos que transitar e información que socializar al respecto. Todavía persisten numerosos mitos en relación al tema que lejos están de aportar al desarrollo de un vínculo sano con el cuerpo menstruante. Por ejemplo, a pesar de que hayamos mejorado el acceso a información en temas de Salud Sexual y Reproductiva en relación a generaciones anteriores, el sistema médico continúa utilizando el calendario basado en el estándar de 28 días para describir los ciclos menstruales. Esta creencia no proporciona información acertada sobre nuestro cuerpo. Creer que la ovulación oscila alrededor del día 14 es simplemente un desconocimiento de la naturaleza fehaciente del ciclo fluctuante. Y nos lleva a patologizar tanto nuestra fertilidad, como el ciclo menstrual en general. Sin ir más lejos, la obstetricia calcula una fecha probable de parto (FPP) bajo el supuesto que el ciclo suele ser de 28 días. Esto puede llegar a generar un desacierto significativo cuando hablamos de estipular la gestación intrauterina y el parto. Mientras que el Método de la Fertilidad Consciente nos habla acerca de que cada período es único, y que para calcular una FPP hay que primero conocer a fondo los patrones de cada estadio del ciclo en esa persona, y sobre todo saber cuándo fue la ovulación.

En relación al autoconocimiento del ciclo, muchas menstruantes desconocen los distintos mensajes y síntomas que su cuerpo les envía. Información valiosa se refleja en nuestras bombachas, calzones y papel higiénico que simplemente son arrojadas al excusado. Muy pocas saben reconocer la información que el flujo cervical nos ofrece. O la estudian cuando buscan un embarazo. Las menstruantes andamos por el mundo con un tercer ojo ciego hacia el útero. Y nos perdemos emocionalmente por no saber interpretar signos fisiológicos importantes que nos marcan día a día, mes a mes.

La menstruación del futuro va hacia otro rumbo. Y es que en las últimas décadas ha comenzado a tomar mayor protagonismo en la esfera pública. Este hecho se refleja tanto en los comerciales y publicidades de productos de salud menstrual, como así también en las mismas prácticas y preferencias que las menstruantes implementan durante el ciclo. Las culturas de la menstruación están cambiando y la industria y el mercado así lo interpretan. Las innovaciones van desde la creación de la copa menstrual, hasta las toallitas de algodón reciclables y los nuevos calzones de tela absorbentes. Pero además, la sangre menstrual figura en Facebook e Instagram como la exhibición artística y reivindicativa del sangrado de antaño.

Repensar la menstruación es el nuevo desafío del milenio. Y quienes ahora estamos a cargo de criar a las nuevas generaciones tenemos la responsabilidad de que las futuras menstruantes desarrollen un mejor vínculo con el cuerpo y su fisionomía. Se trata de socializar nuevas prácticas de higiene, cuidado y administración del cuerpo. De brindar las herramientas que le otorguen y devuelvan la agencia del cuerpo a las menstruantes -que el discurso médico y religioso se apropiaron históricamente.

Una de las posibilidades es comenzar a educar a través del Método de la Fertilidad Consciente -o FAM por sus siglas en Inglés-. El objetivo es proporcionar información científica muy ventajosa acerca de cómo funciona el ciclo menstrual y la fertilidad por un lado. Pero además, es una técnica que nos brinda la posibilidad de conectar lo biológico con lo emocional. Registrar las fluctuaciones y cambios físicos (midiendo la temperatura basal, observando los fluidos, reconociendo la posición del cuello del útero y luego registrarlo en una tabla) arroja una serie de datos que nos hablan sobre lo que ocurre con nuestro cuerpo, y a su vez nos permite vincularlo con los estadios emocionales que tanto nos caracterizan. A esto se lo conoce como Alfabetización Corporal y Elección Informada. El FAM favorece el autoconocimiento. Las menstruantes aprenden a observar e interpretar signos científicamente probados de fertilidad e infertilidad propias del ciclo -junto con otras observaciones de salud y bienestar. La Alfabetización Corporal ayuda a una menstruante a entender cómo su salud y emocionalidad están conectadas con su ciclo menstrual. Por ende, estará más capacitada para realizar una Elección Informada. La toma de decisiones sobre la atención de salud que quiere recibir u objetar le devuelven el control de su cuerpo, siendo que hoy se encuentra mayormente en manos de las compañías farmacéuticas.

Pero para que el FAM sea aún más efectivo es preciso revisar los parámetros de transmisión de conocimiento. Estamos en una era en la cual el flujo de información no se mueve de manera vertical. En ese sentido, las jerarquías ligadas al binomio saber-edad se vuelve obsoleto. El diálogo con nuestres hijes debe responder a una lógica constructiva en la cual la transmisión de conocimientos madre o padre-hije funcione en viceversa. Se trata de romper con el clásico vínculo unilateral. Proponiendo que sean les hijes quienes le comparten y enseñan a les madres-padres el vínculo que quieren establecer con la menstruación y la sexualidad según la orientación de cada quien.

A lo largo de este artículo me he referido a las mestruantes (Bobel: 2010) como personas genéricas y no a las menstruantes como mujeres. Esta elección lingüística ubica a la menstruación más allá de los confines del género, socialmente construido. Y expresa su solidaridad con las mujeres que no menstrúan (por enfermedad, edad o algún aspecto de su fisiología). Y con Hombres transgénero que no quieren menstruar, y genderqueers que quisieran menstruar pero su fisionomía no lo permite. Rechazando asumir categorías esencialistas, el concepto de persona menstruante es una manera de resistir al rígido binario de género que perpetúa la desigualdad y hegemonía patriarcal, la clásica…

La menstruación del futuro en el presente ya es activista. El Activismo Menstrual desafía el statu quo menstrual de la vergüenza, el secreto y el silencio. Comienzan a proliferar los círculos de mujeres, humor menstrual, acción directa, talleres informativos, sitios web, blogs así como la investigación académica. Todo apuntando a normalizar el ciclo menstrual como un proceso corporal saludable. Algunas activistas celebran el ciclo menstrual como una fuente de poder femenino, mientras que otros se resisten a un caer en una postura biologizante; o a que se confunda un proceso biológico con la asignación de una categoría identitaria de género socialmente construida. Por último, para la menstruación del futuro otro gran desafío tiene que ver con la industria mundial del cuidado menstrual. Con disminuir el consumo de productos de salud menstrual desechable que genera grandes masas de desperdicio inorgánico no reciclable. Al tiempo que se promueve el uso de tecnologías ecológicas y alternativas menos costosas.

En definitiva, las culturas de la menstruación se enmarcan dentro de distintos frentes y movimientos feministas que luchan por la igualdad de género. Haciéndose eco de la resistencia contra el patriarcado, la menstruación del futuro desafía el tabú cosificante que rodea el ciclo menstrual. Alienta la conciencia encarnada para lograr instaurar la agencia del cuerpo en las menstruantes. Promueve una apreciación más diversa y compleja de los cuerpos biológicos a nivel social. Y procura ser socializada de manera horizontal, accesible y respetuosa. Porque así como las prácticas sociales cambian, la menstruación a lo largo de la historia también lo hace.

Por Magda Goldin.
Antropóloga, Orientadora en Educación Sexual y Salud Reproductiva. De Buenos Aires, actualmente en Lima.

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Fuentes

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