Me llamo Virginia

Voy haciendo balance de mi vida mientras me encamino al río Ouse con unas cuantas piedras en los bolsillos.

Ilustración: Crea con Corazón

Me llamo Virginia y voy a suicidarme.

A mis 59 años todo se ha vuelto demasiado denso,
confuso,
sutil.

Lo que fue bello, aún lo es.
No soy de aquellas personas que piensan que ya los amaneceres se han desvanecido para mí.
Viven en las imágenes que mis pupilas han grabado en mi cerebro
y cuando no alcance a respirar más
se disiparán entre las algas
se convertirán en una fina y delicada capa de recuerdos en la franja más próxima al sol del océano.

Todo está bien.
Fuimos felices
“todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad”

Estas piedras pesan demasiado
espero que sirvan
y no me hagan fallar como la última vez.

Unas voces
Me dicen, Adeline: querida, deberías buscar un buen marido y dejar la pluma.

¡Ay! Mamá, mi casa está destruida y ahora todos mis papeles se han desperdigado en la fría montaña.

“No puedo concentrarme”

El camino hacia el río es largo.
Pero hace un buen día.
La calidez me roza los muslos, traspasa el algodón de este vestido,
incluso colándose entre los resquicios que quedan libres
en las piedras de mis bolsillos.

Estoy sudando.

Adeline,
Virginia.

Qué, Qué. Ya casi estoy, déjame.

Querida, tuviste una habitación para ti sola.
Tuviste dinero.
Y mírate, aún así,
Has decidido dejarlo.

Es mi decisión.
Porque hay cosas demasiado intensas.
Y no me dejan escapar.

Deberías haber escrito que todas las mujeres necesitan esa habitación, Adeline.

¡NO!
Yo les di esa habitación entre mis letras.
Mis páginas son los muros de su determinación.
“Así que hago lo mejor que puedo hacer”.

Querido Leonard:
Escúchame.
Desde esta íntima lucidez que durará poco.
“no creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo”
Hay algo en esta sociedad,
que ha brotado en mi cabeza y no me suelta.
Esta raíz que me susurra incesantemente y no me deja expandirme.
Siento que de alguna forma, aunque es cierto,
yo estoy enferma,
hay algo más,
una enfermedad común,
que no es más que dominancia, pertenencia, superioridad.
Y todas las mujeres estamos gritando.
Estas piedras que llevo me hundirán
pero todas soportamos su peso sobre la espalda,
tirándonos hacia abajo
oyendo voces
sobre lo que no podemos hacer.
Leonard,
a ti,
en esta tímida serenidad mental te confieso que escribí todo aquello
para ser libre,
y para liberarnos.
Para liberar a la mujer que yace en el fondo del río,
donde yo voy.
“siento que voy a enloquecer de nuevo”
Rápido, rápido,
“no puedo luchar más”
siento regresar todo lo que me ha condicionado y se ha convertido en esa voz
que suena como mi madre pero que es la voz de toda una sociedad.
No pienso rendirme,
por eso voy a suicidarme.
Me llamo Adeline Virginia Stephen.
Todos me llaman Virginia Woolf.
Tengo 59 años,
ya veo el río Ouse.

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