Leer autoayuda es de valientes

¿Qué nos pasa con los libros de autoayuda? ¿Qué nos han hecho para que hablemos tan mal de ellos? Amanda nos lo explica.

Ilustración de Amanda A.

Compramos revistas que nos explican como tener un culo perfecto y las leemos en el autobús a la vista del mundo entero; pero si se nos ocurre la fatal idea de comprar un libro que nos ayude a superar la timidez, lo enterramos en lo más profundo del bolso deseando llegar a casa cuanto antes para que la vergüenza deje de quemarnos colgada del asa. ¿Qué nos ocurre como sociedad para que no nos avergüence nada documentarnos en público sobre la celulitis de las famosas y en cambio nos aterre que nos vean con una revista de psicología bajo el brazo? Hace unos años que me lo pregunto y he llegado a dos conclusiones que podrían resumir este odio gratuito y, de paso, la incomprensión que sufrimos por tener la mesa de noche llena de clásicos. ¿Soy la única?

Primera razón. No admitiremos tan fácilmente que necesitamos ayuda.

Creo que este es el motivo rey. Nos da un miedo atroz reconocer  que no somos tan fuertes como aparentamos (spoiler: en realidad los demás ya saben que no lo somos), que no somos todo lo liberales que nos gustaría o que cargamos con algunos miedos que nos matan lentamente cada día. Es un hecho; nos da un miedo bastante importante que los demás sepan que no somos de hierro. Lo entiendo y por supuesto a mí también me pasa; pero por el camino se nos olvida algo: nadie nace sabiendo todo lo que necesita.

Entonces, ¿por qué debemos actuar como si lo supiéramos todo y no necesitáramos ayuda? ¿Es que vivir en una sociedad de falsas apariencias que oculta tanta tristeza y vacío tras las máscaras nos hace más felices? Parece que no. En realidad cuando compartimos con alguien que nos gustaría mejorar en algo, creamos conexiones mucho más bonitas, fuertes y auténticas. Además, nada de eso hace que seamos menos fuertes; al contrario. Si acaso, seremos aún más fuertes, libres, valientes y viviremos con mucha más coherencia que el resto.

Segunda razón. Esperamos que la autoayuda sea como una lasaña precocinada.

Creemos que un libro de autoayuda es como esa comida que compramos en envases de plástico y metemos en el microondas para poder comer sin perder el tiempo cocinando. No lo es, y si presume de que lo es, es que no va a ayudarte. La mayoría de personas que conozco desaprueban los libros de autoayuda porque no funcionan; y yo me pregunto cuántas de esas personas se han esforzado en extraer de cada lectura lo que les parece importante y aplicarlo mediante acciones concretas a su día a día para poder asegurar que no funciona. Si aceptamos que no vamos a adelgazar mientras leemos sobre zumos depurativos, ¿cómo vamos a convertirnos en personas felices con sólo leer sobre la felicidad? Siento recordar algo que tan a menudo se nos olvida entre el café y el trabajo. Para que algo funcione, hay que ponerlo en marcha. Sí, no conozco a nadie a quién no le cueste, pero sí conozco a personas que lo consiguen y estoy segura de que tú también puedes hacerlo.

Antes de que se me olvide, cualquier libro cuyo título incite a creer que sólo con leerlo conseguirá hacerte feliz, rodearte de lujos o atraer algo mágicamente a tu vida, no es autoayuda, es ciencia ficción. Para poner algunos ejemplos de libros que creo que sí ayudan a ver la vida con otros ojos, voy a recoger sólo los tres de los que más recuerdo la fuerza de cada palabra:

  • El elemento, de Ken Robinson. Si estás en medio de una crisis de identidad profesional y personal y quieres averiguar qué profesión o hobby es el que te hace más feliz, es tu libro. Cuenta cómo varias personas muy reconocidas supieron a qué querían dedicarse y cómo puedes saberlo también tú sin perder el humor y llenando de pasión e ilusión cada página.
  • Ya no sufro por amor, de Lucía ExtebarriaNo sé por qué pedí este libro por Navidad hace muchos años, pero desde entonces he hecho que lo lean al menos cinco personas a mi alrededor. En aquel momento no sabía qué era la dependencia emocional y por qué las canciones románticas nos hacían un poco menos felices cada día. Probablemente si lo leyera hoy en día no tendría el mismo efecto, porque ahora es normal saber mucho más sobre el amor romántico y sus machistas consecuencias, pero no creo que por ello deje de tener fuerza y facilidad para ser asimilado y practicado a día de hoy.
  • Come, reza, ama, de Elizabeth Gilbert. Sí, no es un libro de autoayuda, es una novela, lo sé, pero lo seguiría recomendando a cualquiera que quisiera vivir una vida totalmente diferente a la que está viviendo. Si además le gustan los viajes, mejor que mejor. Puede que hayas visto la película y no te pareciera demasiado interesante, pero la verdad es que la fuerza del mensaje está en las palabras y la narración. El libro es muy diferente, ya nos contarás.

Perdamos ya el miedo a ser más independientes, libres y felices cada día. Nos vemos entre líneas.

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