Comercio Justo y empoderamiento

Los productos de comercio justo constituyen una potente herramienta en la lucha contra la desigualdad de género dentro de las comunidades que los trabajan.


Ilustración: Laura F.


Las mujeres constituyen casi la mitad de la fuerza laboral agrícola en los países en vías de desarrollo, únicamente en África desempeñan el 70% del trabajo en la agricultura. Pero su trabajo es poco valorado y sigue existiendo una brecha de su reconocimiento en las cadenas de producción de alimentos, sus funciones y contribuciones.

En muchos hogares las mujeres tienen que compartir sus ingresos y contar a sus maridos cuánto han ganado; mientras que no se aplica lo mismo a los hombres pues solo 2 de cada 10 son honestos sobre sus ingresos con sus mujeres. Por lo que las mujeres tienen poca influencia sobre cómo se reparte el ingreso en los hogares, son los hombres los que dominan la toma de decisiones tanto en el hogar como en las organizaciones de productores.

Este balance sobre el control mejora cuando las mujeres empiezan a recibir ingresos de sus propios negocios; de esta manera tienen acceso a un ingreso adicional, y son ellas las que suelen contribuir más para gastos familiares.

El Comercio Justo promueve la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en las organizaciones de productores, en la carta de los Principios del Comercio Justo lo estipula así uno de los principios básicos:

“No existe discriminación en ningún aspecto del trabajo, incluyendo la contratación, la remuneración, la promoción o la finalización del contrato, que esté basada en raza, casta, nacionalidad, religión, edad, discapacidad, género, estado civil, orientación sexual, afiliación sindical o política.” (Convenciones OIT Núm. 100 y 111)

La carta en concreto sobre la mujer defiende que “mejorar la posición de la mujer y de otros grupos desfavorecidos es un elemento del desarrollo. Se persigue activamente dar oportunidades a los grupos que están menos representados en puestos de trabajo cualificados o en posiciones de liderazgo para desarrollar su capacidad para estos puestos. Las mujeres reciben el mismo salario que los hombres por el mismo tipo de trabajo, y participan completamente en las decisiones sobre el uso de los beneficios acumulados por la producción y por las relaciones de Comercio Justo.”

Mediante el Comercio Justo se consigue que en las organizaciones de productores se promueva la igualdad de género, el empoderamiento de las mujeres y la autonomía en las mujeres y niñas.

En promedio, las mujeres son propietarias de una cuarta parte de la tierra cultivable, y ser propietarias de tierras les permite formar parte de una organización de productores, tomar decisiones en la misma y además les da cierto estatus tanto en la sociedad como en la familia.

Empoderar a las mujeres rurales en los países en vías de desarrollo resulta ser beneficioso para toda la comunidad y para la cooperativa, en aspectos como el incremento de los ingresos, mejora de la productividad, toma de decisiones más inclusivas, mejores resultados de desarrollo para las comunidades y mejores oportunidades para llevar nuevos productos al mercado.

 

Laura Perona Sanchez (Madrid)

www.fairtradeiberica.com

 

1 Comentario

  1. cinthia magali chero castro

    Si bien es cierto las mujeres formamos parte importante en el rol de la sociedad, la lucha por la igualdad de género, sigue constituyéndose en una fugaz batalla que requiere de eminente apoyo común, en el cual su éxito dependerá del que tan comprometidos estemos en esta noble causa. Soy mujer y felicito la iniciativa del “Proyecto KAHLO”

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