Cómo descubrí la soledad

La historia vital de esta Frida está llena de momentos de apreciación de la soledad. Desde el patio del colegio a la vida adulta, saber valorarla es clave para ser feliz.


Ilustración: Estrella


No estoy sola, estoy conmigo misma.

Fue jugando a las sillas musicales que descubrí a la soledad. Estaba en la escuela y aún no conocía bien a mis compañeres, mi timidez no me facilitaba el contacto con otres niñes.
Tuve la mala suerte de ser la primera eliminada. Salí de la rueda, contrariada por cierto, y quedé mirando la gente divirtiéndose hasta que, para mi alegría, alguien más fue eliminade. Ese lapso entre yo y la segunda persona me mostró que la soledad era estar fuera de una fiesta, mirando la alegría ajena, sintiendo lástima por mi breve marginalidad. De a poco hubo más gente afuera que dentro del juego y mi pequeña soledad se había hecho humo.

La adolescencia me enfrentó al famoso amor romántico. A esa altura las telenovelas ya habían me enseñado que las buenas de la película terminan en pareja, contentas, mientras que las villanas tenían como posible destino la muerte, la locura o la soledad. Las canciones reforzaban la maravilla de estar viviendo un amor espectacular en oposición a la desdicha del estar sola.

Con mi amiga más antigua recuerdo lo terrible que nos parecía terminar una relación, por peor que ésta fuera, por el simple – ¿simple? – hecho de estar sola. “¿Volveré a encontrar a alguien en el futuro?”, “¿cuánto tiempo estaré sin nadie?”. Lo vivíamos como un drama absoluto y aun no pasábamos de los 20 años. De hecho, conozco a otra que nunca se permitió estar soltera. Solo se separa cuando ya tiene otra persona en la mira.

¿Qué hay de tan tenebroso de no estar en pareja? ¿Qué es eso de estar sola?

El 2015 terminé una relación de 4 años, cambié de país y me fui a vivir sin compañía por primera vez en la vida. Era el escenario perfecto para sentirme como en el juego de las sillas musicales.

El primer mes me vinieron a visitar todos mis fantasmas, tuve miedo, me arrepentí de haberlo dejado todo, hasta tuve dificultades para dormir – no hay momento más tenebroso que el rato entre el apagar de las luces y quedar dormida. Ocho meses después, caía una lluvia torrencial sobre la ciudad, era de noche, el viento azotaba los árboles, se oían truenos apocalípticos y los relámpagos encandilaban. Yo estaba en casa, sola. De pronto se cortó la luz. Calmamente, me levanté de la silla, dejé mi libro a un lado, miré por la ventana el cielo rojo típico de esas noches, busqué fósforos y la vela que encendí enseguida. Pensé que no valía la pena esperar a que luz volviese. No estaba dispuesta a esperar. Apague la vela, me acosté y dormí de inmediato. Ahí percibí cuanto había aprendido sobre estar sola.

Qué me pasó en esos ocho meses?

Hubo un día en que miré fijamente a la mujer que me observaba desde el espejo. Averigüé sus gustos, escuché sus historias, reímos, le dejé que se fuera cuando quisiera. Ella no se fue. Sentó a mi lado y se propuso acompañarme. Cuando me rozaba la tristeza, ella me abrazaba y me recordaba que todo pasa, me dejaba llorar sin pudor y hasta preparaba alguna comida sabrosa para subirme el ánimo. Negociamos las tareas domésticas. Siempre tuvimos espacio para estar en silencio o compartiendo algún libro, canción o película. ¡Qué ricos cafés tomamos juntas anónimas en tierra extranjera! Recuerdo aquella vez en que caminamos por un parque y nos sentamos bajo un árbol. Había tanta gente en grupos, con mascotas, niñes, guitarras, tomando mate. Éramos solo yo y ella – yo y yo – allí, mirando la vida a borbotones afuera, la misma vida que corría por mis venas y abría una sonrisa en la boca.

Estando ya en 2016 veo que no me sentí sola el año pasado o, pensándolo mejor, no sentí la desdicha que suponía estar sin pareja, familia o compañeres de casa. Lo que hizo la gran diferencia fue descubrir en carne propia que lo que el amor romántico enseña sobre ser incomplete y necesitar alguien que nos llene, no está tan lejos de realidad. Simplemente está mal enfocado. Hay sí solo una persona con quien podemos sentirnos completes, felices y segures; hay alguien con quien si no tenemos una relación de amor, respeto y cuidado, nos hará sufrir bastante; hay alguien que debiese ser nuestro único amor porque es quien nos acompañará por el tiempo que nos toque respirar: une misme.

Quizá la sensación de pesar asociada a la soledad sea la tristeza por estar distante de nosotres mismes. Quien está sole escucha sus pensamientos, ve sus debilidades y las heridas que aún no han podido sangrar tornarse cicatriz. Ahí es cuando tenemos la oportunidad de oro de abrazarnos, reír, llorar y esperar que el tiempo haga lo suyo, mientras recordamos que quien tiene a sí misme jamás estará sole – y jamás entrará en relaciones que le hagan perderse-.

 

Maíra Del Mundo (32), Brasil
https://www.facebook.com/maira.mundo

 

5 Comentarios

  1. Bella historia. Me viene muy bien en este momento =). Es hermoso comenzar a entender que por las noches unx se puede sentir abrazadx por unx mismx. Y como dice el texto, decirse que todo va a estar bien. Gracias <3!

  2. Rosalinda

    Me gustó mucho, cómo expresas tan bien lo que es la soledad y cómo se siente. Siento que me vi a mi misma en tu texto, porque en este momento de mi vida tengo un algo con la soledad que no sé bien como explicar. Me gustaría leer algo más del tema que no sólo relacionara la soledad con el amor romántico si no más bien con la propia existencia de una persona.
    Es un buen texto y felicidades (:

  3. Hola
    una duda, ¿por qué pones completes, complete etc?? Deduzco que es para incluir femenino y masculino pero para eso no se pone completxs o [email protected]? Es que es la primera vez que lo he visto y me ha llamado la atención.

    • Ya somos dos. De hecho me ha cortado mucho la lectura, estoy más acostumbrada a la X y, de alguna forma, me parece más inclusiva en el idioma castellano.

      Me pareció muy bueno el texto, por cierto.

    • Proyecto Kahlo

      Hola, chicas!

      Efectivamente, en PK intentamos utlizar la lengua de forma inclusiva, y para ello recurrimos a diversos plurales inclusivos que las personas hispanohablantes están usando en los últimos años: “x” o “e”, dependiendo de la preferencia de la redactora en cuestión.

      En este caso, se ha optado por la “e”, que últimamente se usa más que la “x” por razones de accesibilidad. Es decir, que las personas que leen nuestros textos mediante dispositivos de lectura por voz (reproducen el texto escrito para personas con discapacidad visual) no tengan problemas en leer el texto. Los dispositivos no reconocen la “x” y, por lo tanto, la persona no puede leer el artículo.

      Sentimos que te haya dificultado la lectura, pero creemos firmemente que el uso normaliza los cambios y genera costumbre. Poco a poco te haces a ello y deja de llamarte la atención. Te recomendamos este interesantísimo artículo de MujerPalabra sobre lenguaje inclusivo, para comprender la importancia del mismo: http://www.mujerpalabra.net/pensamiento/lenguaje/lenguaje_inclusivo.htm

      Un abrazo y gracias por comentar!

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