El síndrome de la impostora

Hay una frase que odio escuchar: a ti lo que te pasa es que no confías en ti misma. En cuanto la oigo, me enciendo de rabia.


Ilustración: Javitxuela


Hace unos días hice un examen de inglés. Cuando me preguntaron qué tal me había salido, estaba muy enfadada y descargué toda mi rabia. Al final saqué un 7’5. Lo siento, pero pertenezco a ese club de personas que dicen que han hecho un examen fatal y luego aprueban. Tenemos un pequeño problema de distorsión de la realidad, vale, pero somos buena gente. Oye, un 7’5, qué bien. En realidad contesté bastante bien aquella pregunta, me lo merezco; para eso he estudiado tanto. Eso pienso ahora, pero hace un tiempo no pensaba lo mismo.

Hace unos años saqué una matrícula de honor en la Universidad. Me encargué de decirle a todo el mundo que aquello no era para tanto, que le caía bien al profesor y que falté poco a clase, eso era todo. Ridículo, ¿verdad? Como si las matrículas de honor le cayeran a una del cielo. Hasta ahí llegaba mi no aceptación de lo que se considera un logro y, por tanto, mi forma de hacer el ridículo. Pues bien, resulta que lo que me pasaba tenía un nombre: síndrome de la impostora. Principalmente consiste en creer que no mereces el éxito ni los halagos que has logrado. Lo atribuyes al azar, a que le caes bien a tu jefx, a que pasabas por allí en el momento adecuado, a que los demás te están haciendo un favor, etcétera. Es decir, a todos los hechos externos que puedan suceder menos al hecho de que te lo has currado como una campeona.

También puede ocurrir que se te de bien hacer algo sin tanto esfuerzo como a los demás y entonces tengas miedo de tener éxito por si te descubren. Vale, a la gente le gusta tu blog de cupcakes, pero algún día descubrirán que eres autodidacta, que no has estudiado repostería y que en tu casa se te chamuscan los potajes. ¿Para qué vas a hacerte famosa, para que te desenmascaren?

Como habrás podido comprobar, actuar bajo el síndrome de la impostora no trae nada bueno. De hecho puede tener tanto poder sobre ti que puede llegar a hacerte creer que en realidad no deseas lo que deseas. Entonces te escudarás bajo algún supuesto curso que no has hecho, y argumentarás que la gente no te conoce realmente. Pero no servirá de nada, porque si se te da bien escribir historias,  hacer coulants de chocolate, fotografiar perros o lo que quiera que se te ocurra, estás ante un hecho, y será una pena dejar que lxs demás no te conozcan. No por el resto del mundo, que está enfrascado en sus asuntos, si no por ti misma, porque la vida son dos días y vivir escondida sólo trae miedo y amargura.

Si estás decidida a empezar a aceptar que los halagos que te hacen son merecidos y que puedes sentirte bien sin ser una experta, hay algunas ideas que hacen el camino más fácil:

  • Puedes trazar una línea en una hoja y marcar rayas cronológicamente. Se trata de señalar cada momento en que hayas conseguido algo de lo que estés orgullosa. ¿Qué ocurrió?

  • Puedes escribir una biografía de tus logros en tercera persona como si tuvieras un negocio en base a tus habilidades. Marina nace en Chile en 1980. Tiene tres gatos y un perro a los que alimenta a ritmo de jazz. Ha bailado durante toda su vida y ahora enseña biodanza en…

  • Podrías dibujar un escudo en un papel y dividirlo en cuatro partes. Añade en cada parte una fortaleza que te represente. Por ejemplo, puede que seas independiente, creativa, persistente y crítica. Si necesitas más partes en el escudo genial;  lo importante es que las recuerdes cuando flaquees.

  • Puedes marcar una cruz en el calendario cada vez que tu jefx, profesxr, clientx, etcétera halague a una persona que no haya hecho nada para merecerlo. Seguramente no te haga falta un bolígrafo.

  • Puedes preguntarte cada día: ¿Qué es lo peor que puede pasar? Por ejemplo, si estás hablando en público y alguien te hace una pregunta que no sabes responder, puedes apuntar su email y ofrecerte a proporcionarle más información cuando llegues a casa. Ayudas a la persona y aprendes algo nuevo por el camino.

  • Puedes ser normal. Yo soy normal, no aspiro a ser más que normal, y pienso seguir igual. Si todo el mundo está obsesionado con ser perfectx  haciendo algo, allá ellxs. No dejes que el miedo a no ser la mejor bloquee tu camino hacia el ser la más feliz. Desde mi humilde opinión, no vale la pena.

 

Recuerda que no eres una impostora: eres la mejor versión de ti misma, la que no ha nacido sabiendo, pero va a hacerlo igualmente. ¿El miedo?  Que se alimente solito.

 

12 Comentarios

  1. Hola, quisiera hacer una observación personal… según mi experiencia, está mal auto-etiquetarse y afirmarse en esas etiquetas. A veces sucede que unx se enfrenta a situaciones que hacen que te alejes de tu autoimagen y eso tiende a generar caos. Creo que el consejo de destacar virtudes, debe ser hacerse con el mayor cuidado posible sobre unx, tener consciencia sobre nosotrxs, aceptxr los cambios y no sentir culpa por ello.

  2. Genial¡! Yo si fotografeo perritos jeje, saludos

  3. Keyla, nació en 1992 en San Salvador, El Salvador; un país pequeño que ser mujer es todo un reto, a los 18 años decidió afrontar una relación seria con su novio, se fueron a vivir solos bajo la lógica de una pareja diferente a las comunes, dividieron sus tareas y vivía bien de ves en cuando habían peleas pero no fueron tan serias para separaran, ella es feminista desde los 16, sigue aprendiendo sobre el feminismo y la teoría de genero, egreso de la universidad a los 21 años de edad, un año antes que muriera su pareja, ella es una historiadora feminista que dentro de su carrera fue considerada la máxima exponente del genero y feminismo, a la que le llamaban loca en los pasillos de los docentes, a la que por estar en sus clases usaban lenguaje inclusivo xq ahí estaba la loca feminista, a sus 21 años decide hacer un viaje sola por toda Guatemala, hoy esta escribiendo sobre mujeres para su tesis, haciendo teatro, viviendo sola y sin ninguna privación emocional por la muerte de su pareja, en sus adentro ella sabe que no se ganara la vida escribiendo artículos de mujeres pero sabe que esta visualizando una parte de la población salvadoreña olvidada. Y por fin a sus 22 años logro tener el cabello corto como siempre lo había querido.

    • Amanda A

      Keyla, enhorabuena por tu empuje y por todo lo que has hecho por ti misma, tu biografía me ha emocionado, muchas gracias por compartirla con nosotras. No te preocupes si no puedes ganarte la vida escribiendo sobre mujeres, estás haciendo algo muy grande y muy bonito, y lo que queda por venir seguro será mejor.

  4. Es exactamente como me siento y actúo ante un halago. Gracias por los consejos! Men encanta lo que hacen ♡

  5. Hola! Desconozco de si realmente padeces el síndrome de la impostora o no, pero sí que puedo garantizarte que presentas los síntomas del pesimismo defensivo! Y no es malo dentro de lo que cabe, de hecho es una manera constructiva de enfrentarte y motivarte aún más ante los retos, te recomiendo que te informes sobre ello!
    Por cierto, me encanta muchísimo tu blog, no me pierdo ni una sola entrada 🙂

  6. ¡Hola! Me encantó este artículo, justo antes de leerlo pasaba por un periodo de ansiedad, ahora me siento reconfortada pues tus palabras me han devuelto a mi estado de ser humano. ¡Gracias!
    Que continúes sembrando éxitos. nwn

  7. No podría sentirme más identificada, ¡gracias por los consejos!

  8. noelia Calderón

    Me encanta el blog!!!! Y m parece que pueden serme útil en m trabajo!!! Soy trabajadora social

  9. Hola
    ¡Me encanto el post ! y me llevo estas lineas muy ciertas a mi blog ” vivir a escondidas solo trae miedos y amarguras”

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