Rosa o azul

Una frida desde Chile nos reseña la película Mi vida en rosa, os dejamos con su visión de la película y su reflexión sobre la transexualidad.



Transexual: 1. adj. Dicho de una persona: que se siente del otro sexo y adopta sus atuendos y comportamientos. U. t. c. s.

Parece simple entender a primera vista lo que significa la idea de transexualidad, pero, ¿es realmente tan simple entenderlo cuando somos lxs protagonistas o partícipes indirectxs?. Precisamente a esto es a lo que nos enfrenta la película Mi vida en rosa, del director Alain Berliner, contándonos la historia de Ludovico, personaje que se siente e identifica como una niña. Para él es algo simple: ocurrió un error cuando fue concebido, y siente que cuando crezca eso se arreglará y podrá definirse como lo que se siente, mujer. Nadie en su familia ni en su vecindario parece entenderlo así.

Desde nuestra infancia somos condicionados a ciertos gustos: si somos niñas nos visten de rosa y nos regalan muñecas, si somos niños nos visten de azul y nos regalan autitos. Sin embargo, cuando algo no sale de acuerdo al plan todos se horrorizan, incluso las familias más «liberales» parecen ver como un capricho infantil, apenas un juego, el que un niño quiera usar vestidos. Pareciera que toda nuestra vida está condicionada según el sexo con el que nos toca nacer, no hay derecho a elección después de que los cromosomas se juntan en XX o XY. Si a partir de eso no nos «identificamos» con lo que nos deberíamos identificar, estamos jodidos: bienvenidos al margen. Una cuestión es que te gusten las personas de tu mismo sexo (lo que también nos deja fuera), pero otra muy distinta es que te sientas parte de ese otro sexo con el que no naciste, que sientas que hubo un error cuando los cromosomas se juntaron. ¿Cómo se puede revertir eso? Ahí la cuestión ya no parece tan simple como la definición que la RAE nos sugiere.

La identificación con el cuerpo propio se da en la niñez: nos miramos al espejo, nos damos cuenta que ese reflejo que vemos somos nosotros mismos, nos comparamos con los demás que se nos parecen, y de ahí viene un proceso que tiene mucho que ver con la repetición de ciertos comportamientos. Comenzamos a repetir lo que hacen las personas que se parecen a nosotros, los que tienen nuestro mismo sexo, porque ellos “son como nosotros, entonces así debemos aspirar a comportarnos”, nos dice la sociedad. Pero qué pasa si no hay una identificación efectiva con esas personas y sus conductas, qué pasa si nos identificamos con el «otro» grupo, con el que no nos debemos identificar. En ese momento aparecen las dudas, las prohibiciones, las risas burlonas, los obstáculos, eso nos muestra Alan Berliner a través de las experiencias de Ludovico, quien se enfrenta a una sociedad que no lo acepta ni quiere aceptarlo.

La película nos hace finalmente pensar acerca de cuestiones que damos muchas veces por dadas: los hombres son hombres y las mujeres, mujeres. Pero la realidad nos muestra que esto no es así. Deberíamos aprender que el mundo tiene muchas más puertas que aquellas dos por las que nos pretenden hacer entrar desde que tenemos conciencia de nuestra subjetividad. Aquel binarismo que refleja la RAE debería ser cuestionado por nosotros mismos. Deberíamos aprender de una vez por todas que antes de distinguirnos biológicamente según nuestros sexos, primero que eso, somos personas con complejidades distintas. Pedirnos que nos encasillemos entre dos alternativas es como pedirles a todos los colores que elijan si ser rosas o azules, algo imposible porque los colores existen simplemente, ¿por qué no nosotros también?

Monserrat, Chile.

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