Mi cuerpo no es normativo, y el tuyo tampoco

Mónica, en su primer artículo para Proyecto Kahlo, nos habla del activismo gordx y nos invita a aprender a reapropiarnos de aquello que nos insulta para que no nos hiera.


Ilustración: Amanda


Hace ya tiempo estuve en una charla sobre activismo gordx, organizada por el Febrero Feminista e impartida por Lucrecia Masson, y me impresionó tanto que aún sigo dándole vueltas a este asunto. El alcance político de los transfeminismos no deja de sorprenderme.

El activismo gordx (se lee «gorde», y se escribe así la palabra para mostrar rechazo ante los binarismos de género) pretende explorar y visibilizar corporalidades diferentes que se posicionan fuera de la normalidad. Ser vista como gorda es ser vista como despreciable, no deseable, enferma, viciosa, vaga. El activismo gordx pretende revisar lo que significa ser gordx y desestabilizar los patrones estéticos normalizados que perturban nuestros cuerpos, reivindicando la gordura, el defecto, todo lo menospreciado por la normalidad corporal.

De esta manera, es heredero de la estrategia queer de resignificar los insultos. Tú me llamas queer (raritx), o bollera, o marica, o perra, o gorda, y yo me lo aplico. Pues sí, soy bollera, o marica, o una perra gorda, y además, quizás soy una marimacho. ¿Y qué? No pienso dejar que mi identidad sea tratada como algo enfermo, o no deseable, o asqueroso.

Además, el activismo gordx excede la gordura y va más allá. Nos muestra que todos nuestros cuerpos se salen de la norma. Todas nuestras corporalidades son de alguna manera excluidas de los modelos imperantes de belleza. El activismo gordx habla de gordura en sentido amplio: se toma este eje de opresión para pensar en todo tipo de incomodidades corporales. Nos tratan de imponer unas normas corporales tan imposibles que nadie podemos encajar en ellas. Todas tenemos molla, y estrías, y carne que rebosa, y nos pretenden inculcar que esas mollas y esas estrías son partes de nuestro cuerpo que tenemos que odiar y eliminar. Desde el activismo gordx se nos invita a abrazar nuestra molla, a quererla, a estrujarla con placer; a rebelarnos en contra de la normatividad corporal que nos oprime a todas.

Por otra parte, el activismo gordx tiene otra clara relación con el feminismo, al mostrarnos que esto que parecen problemas personales son en realidad políticos. Lo personal es político, y nuestras mollas también. La gordura, el defecto, no es un problema individual sino político: tiene que ver con los estereotipos corporales binarios que clasifican los cuerpos de forma jerárquica: el dualismo delgadez/gordura crea cuerpos privilegiados y otros abyectos, indeseables, malsanos. Tal y como afirman Constanzx Álvarez y Samuel Hidalgo en su “Manifiesto Gordx”: “Somos quienes no nos resistimos a desaparecer ante el adelgazamiento de las diferencias corporales. Porque el ser gordx no es algo anecdótico, es político, contra lo establecido”.


http://www.nomylamm.com/pictures/


Nomy Lamm, cantante (¡escuchadla!), escritora y activista que lucha por el reconocimiento de las corporalidades y sexualidades periféricas, da cuenta de la intersección de opresiones que se pueden llegar a dar en un cuerpo: opresión de clase social, de sexualidad, de género, de diversidad funcional, de tamaño, de peso, de cánones estéticos. Algunas de estas opresiones se anulan, otras se refuerzan, y en muchas ocasiones no se tienen en cuenta. En su caso, considera que el ser gorda ha oscurecido incluso la opresión que vive por haber nacido con una sola pierna. Escribe en su texto “It’s a Big Fat Revolution”:

“Cuando pienso en todos las marcas que tengo contra mí en esta sociedad, me sorprendo de cómo no me he convertido en un montón inútil de mierda. Gordajudíatullidacoñobollera. Sin más. Pero cuando tengo en cuenta el hecho de que soy una universitaria de clase media, blanca, que puede articular sus ideas, y de que eso me da un montón de privilegios y la oportunidad de manejarme con mi opresión, que es algo que puede no estar accesible para otra gente oprimida. Y partiendo de que mi personalidad/mi ser no está dividido entre la parte privilegiada y la parte oprimida, tengo que manejarme con los modos en que estas cosas interactúan, se equilibran y algunas veces se ensombrecen unas a otras. Por ejemplo, nací con una pierna. Supongo que es algo importante, pero nunca ha marcado tanto la imagen de mi cuerpo como lo ha hecho el ser gorda. Y, ¿qué significa ser una mujer blanca en contraposición a una mujer de color? ¿Una chica gorda de clase media en oposición a una chica pobre gorda? ¿Qué significa ser gorda, discapacitada y bisexual? (¿O gorda, discapacitada y simplemnte sexual?)”.

Lo que he aprendido del activismo gordx no se me olvida y me acompaña en mi día a día. Tenemos que aprender a reapropiarnos de aquello que nos insulta para que no nos hiera. Tenemos que aprender también a aceptar que no cabemos en la norma. Todas, tengamos el tamaño que tengamos, somos más grandes que las normas sociopolíticas en las que intentan hacernos encajar.

Mónica

1 Comentario

  1. Me ha encantado el artículo. No conocía este movimiento pero me parece necesario a la vez que muy interesante en estos tiempos que corren. Tomo nota. Felicidades por el artículo.

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