El pasado: ¿moda pasajera o tendencia consciente?

Reflexiones sobre recuperar modelos de vida y de consumo respetuosos con el mundo que nos rodea. Y con nosotras mismas.


Ilustración: Nerea


Grandes ciudades, atascos, coches, comida rápida, verduras transgénicas, ropa sintética… Comprar, tirar, comprar. La vida rápida, moderna. En algún momento de los años 90 nos dejamos llevar por la sociedad de consumo, por lo barato, por lo desechable y por lo que daña el planeta. Queríamos más cosas, estar a la moda y tener lo último en tecnología sin valorar la calidad de lo que comprábamos, ni el efecto de todo lo que desechábamos. Las consecuencias de esos pequeños actos consumistas y poco responsables con el medio ambiente, los estamos viviendo hoy en día a nivel global.

 

Hazlo tú misma
 

Os dejo el link al documental Obsolescencia programada: tirar, comprar, tirar. Fridas, merece la pena tomarse un ratito para verlo y reflexionar sobre el rumbo de la sociedad actual en la que vivimos.

En pro del desarrollo y la modernidad, dejamos de hacer las cosas por nosotras mismas para dejar en manos de otras personas nuestros alimentos, saberes, oficios, etcétera;  y para cuando nos hemos dado cuenta de esas pérdidas, ha sido demasiado tarde en algunos casos.Por ejemplo, en el campo, por no valorar el trabajo de recoger y cuidar las semillas autóctonas –trabajo, mayoritariamente, de las mujeres- y al dejarse llevar por las mentiras de las empresas de transgénicos como Monsanto, se han perdido muchas semillas locales y se les ha dado la bienvenida a los transgénicos que dañan la tierra cultivada y nuestra salud.

La publicidad y las grandes empresas nos han ganado una partida, pero está en nuestras manos ganar la siguiente. Y para ello, es imprescindible cambiar ese afán de quererlo todo en cualquier momento y al precio más bajo, para entender los ciclos de la naturaleza y de la producción real. Es necesario informarse y ser conscientes de lo que estamos haciendo con nuestro dinero, nuestra tierra, nuestros recursos y nuestras vidas y entender que el cambio a mejor comienza en esos pequeños actos cotidianos que se convierten en grandes cambios.

En los últimos años mucha gente se ha dado cuenta de todo esto y ha decidido proponer alternativas, muchas de ellas, teniendo como base el pasado; por lo que han aprovechado los saberes de nuestras abuelas y abuelos y los han adecuado a la sociedad actual. Como escuché hace poco en un seminario, la idea no es volver 50 años atrás, sino que, con lo que se sabía entonces y las herramientas que tenemos ahora, apostar por lo local y ecológico.

Para las mujeres en concreto, hay una página muy interesante que se llama El camino rubí y que nos invita a vivir con gozo nuestro cuerpo de mujer. Erika ofrece talleres presenciales y online sobre el ciclo menstrual. Nos invita a ir conociéndonos en cada ciclo como las cuatro mujeres que somos, respetando nuestros tiempos y necesidades.

En relación al ciclo menstrual y a lo ecológico, me parece importante hablar sobre la copa menstrual, las compresas de tela y las esponjas marinas. Esta vez también se ha mirado al pasado para innovar y adaptarse a hoy en día; ya que, antes de que salieran al mercado las compresas y los tampones tan dañinos para nuestra salud -por el rayón y el dioxín que contienen-, nuestras abuelas utilizaban las compresas de tela que volvemos a usar hoy en día.

Por otro lado, relacionado con los alimentos ecológicos, creo que es importante remarcar que aprovechando esta moda o tendencia verde, casi en cualquier supermercado podemos encontrar verduras ecológicas, lo que es muy positivo para nuestra salud y para la tierra. Pero tan importante como que sean ecológicas es que sean productos locales, ya que si se respeta nuestra salud y la de nuestra tierra al no echarle pesticidas pero esas hortalizas se están vendiendo en Madrid y vienen desde Holanda, poco de ecológico les queda, teniendo en cuenta lo que han contaminado en su distribución. Por lo tanto, además de intentar consumir comida ecológica, por nuestra salud, es importante consumir localmente, para contaminar lo menos posible, y a la vez, reforzar las economías locales que tanto han sufrido a consecuencia de los grandes centros comerciales.

Para intentar llevar a cabo esto que acabo de explicar, se han ido creando los grupos de consumo ecológicos que aseguran el trato directo entre vendedor y consumidor. Además de que al consumidor le ofrecen la oportunidad de acceder al lugar donde se cosechan las verduras que come y ver cómo se tratan. Los grupos de consumo han sido una iniciativa que ha ayudado a valorar el trabajo del campo y a impulsar las relaciones humanas de tú a tú. Tanto en pequeños pueblos, como en grandes ciudades como Madrid y Barcelona es posible acceder a estos grupos de consumo.

A continuación, podréis ver el cortometraje -producido por Veterinarios Sin Fronteras- que nos cuenta la historia de dos tomates, uno transgénico y otro campesino, que se citan en un bar después de haberse conocido a través de un chat en Internet. Simplemente, ¡genial!

 

 

En relación a ese volver al pasado, están los grupos de labores que se han puesto de moda en los últimos años. Grupos de ganchillo, patchwork, costura, que han puesto de moda el viejo lema de hazlo tú mismx de los 70.

 

Craftivismo
 

Es un hecho que muchas personas han optado por cambios en sus vidas como volver al campo, o tener su huertita en el balcón, organizar mercados de trueque para darle otra vida a esas cosas que una ya no necesita, hacer su propia ropa, gastar sólo lo necesario, etcétera;  pero no sé si este movimiento que se está dando en parte de la sociedad es una moda pasajera a consecuencia de las crisis actuales (económica, política, social, de valores y cuidados), o si es una tendencia que viene para quedarse. Confío en que sea lo segundo y que cada vez seamos más. Fridas, ¿qué opináis al respecto?

Para finalizar, me quedo con una frase que me dice mi abuela cada vez que voy a su casa de visita: ¿Ya te vas? Desde luego, hoy en día siempre vais con prisa a todas partes, y a eso le llamáis modernidad.

Ilazki

6 Comentarios

  1. Me parece muy vacilon e interesante el corto de los tomates y estoy de acuerdo con que este mundo es puro consuminso y practicamente estamos consumiendo nuestro mundo hasta agotar nuestros recursos, hay que ser mas consciente y poner en practica la vida ecologica, consumir menos, tratar de adoptar esta «tendencia» para que sea un estilo de vida y asi proteger nuestro planeta!

  2. Lamagia, muchas gracias por tu comentario. Quería apuntar que aunque en cierto modo, son artículos antagónicos (en parte, en eso está la riqueza de Proyecto Kahlo, en la diversidad de opiniones y puntos de vista), yo no me refiero sólo a los DIY, sino que, hago una reflexión más amplia sobre nuestra manera de vivir hoy en día y las posibles alternativas con las que contamos.

    Gracias por leernos, por comentar y un abrazo enorme!

  3. Me ha gustado mucho el artículo. No obstante, para mi es dificil vivir y trabajar en una ciudad como Madrid, hace años que vivo aqui y ultimamente noto que me agota, y podreis decir que hay muchas cosas que se pueden hacer aquí, pero si no sabes donde ir o con quien contactar… Siendo de un pueblo, acostumbrada a que mi abuelo tuviera un huerto y mi abuela me tejiera los jerseys o hiciera mermelada y conservas, a veces me siento sobrepasada con la ciudad, la sociedad, la civilización, o lo que sea que me hace levantarme para ir a trabajar solo por tener un sueldo a fin de mes y aguantar encima que la gente te felicite por ello, cuando lo unico q piensas es que este tipo de vida es una m y que sería mas feliz siendo ermitaña en el campo. A lo mejor tengo que plantearmelo en serio.

    • Ce, ánimo y ojalá te sientas feliz y a gusto tomes la decisión que tomes.

      Me alegro de que el artículo haya sido de tu interés! Gracias por comentar.

      Un abrazo!

  4. Pues sí, yo creo que el diy viene para quedarse. Se trata de buscar alternativas al capitalismo más rancio y al consumismo desmedido. Por ello, a muchas personas nos ha dado por volver a lo básico (coser, decorar, cultivar tomates, amasar pan), para que, en caso de holocausto zombi, sepamos que somos capaces de sobrevivir, de hacer cosas útiles en verdad. Me ha entristecido ese otro artículo que habéis publicado sobre el aburrimiento (http://www.proyecto-kahlo.com/2013/12/el-poder-del-aburrimiento/), según el cual pareciera que quienes tenemos aficiones de esta índole lo hacemos por esconder frustraciones. Completamente contradictorio este artículo con aquél, aunque entiendo que este blog es plural. Yo soy feminista y aun así tengo aficiones como coser y cocinar. ¿Si hubiera sido un hombre entonces sí podría disfrutar de estas aficiones sin ser juzgada? El sexismo se esconde en los lugares más insospechados…

    • Hola, Lamagia!

      Sí, es curioso pero ambos artículos han coincidido en el tiempo y son totalmente antagónicos. Este que lees es de nuestra colaboradora Ilazki, y El poder del aburrimiento es una contribución de una lectora.
      Como dices, esta página es plural y admite diferentes puntos de vista sin que ninguno de ellos refleje la ideología de PK como entidad. Vamos, que las opiniones vertidas por cada autora no tienen por qué corresonderse con la del grupo 🙂

      De todos modos, y a título personal, me atrevería a decir que estoy de acuerdo con ambas aproximaciones. Me encanta el movimiento DIY, y siempre pienso -exactamente igual que tú!!- en que hay que estar preparadas por aquello del holocausto zombie 😀 😛
      Pero a veces no puedo evitar pensar en que las actividades que están de moda son, en algún modo, regresivas si las miras desde una perspectiva de género. Me pregunto por qué no está tan de moda entre las mujeres hacer carpintería o arreglar un motor. Al margen de dedicarnos al huerto, creo que hombres y mujeres seguimos sin compartir aficiones de este tipo. Pero claro, esto solo es mi opinión 😉

      Gracias por comentar, un abrazo!

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