Contramanual de seducción

Desmontando los principios de la mal llamada «seducción científica» y proponiendo alternativas.


Ilustración: Sabina


Cuando se trata de la relación entre hombres y mujeres parece que se abren mil interrogantes, que vivimos en mundos distintos, o como dice aquél libro que “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”. Realmente hay hombres que se sienten intimidados cuando se tienen que acercar a una mujer que les gusta. ¿Cuantísimas veces no habremos escuchado “a las mujeres no hay quién os entienda”? Pero más importante aún, ¿en qué se basa todo esto? ¿En qué se basa ese miedo? ¿Hay una respuesta a lo que “las mujeres queremos”?

Empecemos por la última. Es un claro y rotundo NO. No hay nada así como “lo que busca una mujer en un hombre” (las que buscan ese “algo” en un hombre, claro). No es una fórmula matemática exacta. Considerar que hay una fórmula inequívoca de lo que nos gusta, que hay una forma de tratarnos a todas que nos va a gustar por igual, que hay una manera estándar a la que acercarse a las mujeres, no deja de ser otra cosa que considerar que todas en el fondo somos iguales. En última instancia, si se puede decir que hay algo de base que todas queramos, coincide con lo mismo que busca cualquier persona: respeto. En este punto las diferencias hombre-mujer dejan de tener sentido.

Ese es para empezar un motivo de por qué nos molestan a las Fridas los denominados “manuales de seducción”. Como dice Mines, no somos lavadoras. No a todas nos gusta lo mismo. Por tanto, no hay una fórmula única para acercarse a las mujeres y conseguir sí o sí ligar. Como el considerar que todas las mujeres en base somos iguales es partir de un supuesto erróneo, en consecuencia se deduce que no hay una fórmula de ligue única. Y ni mucho menos este tipo de enseñanzas son científicas. Porque, repito, se basa en “la mujer” como ente homogéneo. ¿Qué pasa, por ejemplo, con las diferencias socioculturales, económicas y educativas entre nosotras? Todas estas cosas entre muchísimas otras, hacen que las mujeres, que las personas, seamos diferentes. Estas variables se obvian y no se contemplan en estos manuales. Además, a diferencia de lo que podemos encontrar en cualquier estudio psicológico del comportamiento humano que se denomine científico, en los “manuales de seducción” no hay ningún cuerpo teórico, ni hipótesis claramente formuladas, ni medidores, ni nada parecido. Tampoco se hace referencia a ningún estudio científico que avale las afirmaciones –en todo caso a algún libro científico del que extraen las ideas para llevarlas a su propio terreno-. Este tipo de enseñanzas están basadas en experiencias personales, y éstas no se pueden considerar ciencia. Me parece muy bien y muy estupendo que alguien quiera compartir sus «trucos» para ligar, pero de ahí a que lo venda -literalmente- en nombre de la ciencia y de un conocimiento profundo de las mujeres…

Pero es que además este tipo de enseñanzas tampoco hacen ningún bien a los hombresya que pone en peligro su autenticidad. Este tipo de manuales indican que deben desarrollar un modelo de masculinidad basado en lo que la cultura patriarcal valora como “auténtico hombre”. Así, encontramos afirmaciones del tipo: “No vas a resultar creíble o congruente a menos que te muestres el control sobre ti y tus emociones. Conviene que poseas, asimismo, el máximo control sobre el Marco dentro del que vuestra relación tiene lugar y que seas tú quien dicte los términos de la misma” y también “Porque si ella dirige la interacción o la conversación, a menudo la llevará a terrenos aburridos y lógicos, vacíos de carga emocional” 1. Y podría seguir citando. Esta última no deja muy bien a las mujeres, claro está, pero si os fijáis la idea de fondo es que el hombre es quien lo tiene que tener todo bajo control. Como se dice en el manual Masculinidades plurales acerca del modelo de hombre patriarcal: “desde muy pequeños se les inculca a los hombres, de muy diferentes maneras, la obligación de ser fuertes, valientes, agresivos, y de ejercer el poder y control en todos los ámbitos de la vida y las personas“ 2. Vamos, la idea de macho alfa. Idea que en Sex Code, el santo grial de lo que se ha denominado “seducción científica” que acabo de citar, nos señala como modelo a seguir sin ningún tipo de rubor. Utiliza estas mismas palabras: macho alfa. Sí, sí, como los orangutanes.

Ese miedo que se siente al querer acercarte a una persona que te gusta no es un miedo que plante su base en la diferencia entre géneros. No es cuestión de “uy, como no sé qué quieren las mujeres…”. Esa incertidumbre de cómo acercarse a la persona que te gusta para llamar su atención, también se da en relaciones homosexuales. Es completamente normal. Ese miedo se basa en cosas que traspasan la barrera de los géneros y va más allá, se trata de la relación con las personas. El no querer meter la pata, el que te encuentre interesante, encontrar una manera de conectar, que no te rechace, son cuestiones que siempre están en el ambiente cuando nos gusta una persona. Y en todo esto afectan, claro está, las inseguridades. Todo el mundo las tiene.

¿Cuál es la solución entonces? ¿Cómo se debe acercar un hombre a las mujeres? Si bien es cierto que hay que trabajarse para poder mejorar las relaciones con los demás, sean del tipo que sean, seguir este tipo de orientaciones que te indican que debes ser un supermacho, que debes tener control absoluto, que debes ser intenso y vivir experiencias emocionantes –ya que, según Sex Code, “no importa que estés desarrollando una vacuna contra todos los males de la humanidad” 1 para ligar-, pueden alejar a cualquier hombre de sí mismo. Este tipo de enseñanzas, por ejemplo, te dicen que debes ser metrosexual. Te dicen cómo cuidar tu físico. Bien, ¿y si a ti no te va el rollo metrosexual? ¿Y si la estética con la que te sientes identificado es con la punk, o la heavy? Puede que alguna vez funcione lo que enseñan, por poder ser podría ser, cosas más raras he visto… Pero ¿a qué precio? ¿Al precio de hacerte pasar o transformarte en algo que no tienes que ser –macho alfa-, por algo que muchas odiamos y que nos deja a las mujeres en un plano de sumisión –recuerda, el macho alfa es el que controla todo-?

La cosa no está en llenar los huecos de nadie, en satisfacer los anhelos emocionales de otra persona, ni tampoco se trata de “buscar a quien te necesita” como se dice en alguna conferencia de “seducción científica”. Sino en conocernos, en compartir, en convivir. En ayudar a esa persona a encontrar sus caminos para sentirse más completa. Al fin y al cabo, en construir. Todas aquellas relaciones que se basen en intentar rellenar los supuestos vacíos que tiene la otra persona va acabar irremediablemente en fracaso. Porque no lo podemos ser todo para la otra persona. Y ni qué decir de utilizar las necesidades emocionales de alguien solamente para pasar una noche con ella… Si como hombre te interesa una mujer, aunque no sea para una relación a largo plazo, ¿cómo tratarnos? Nada más sencillo. Simplemente como lo que somos: personas. Con todo el respeto, cuidado y entendimiento que necesita todo el mundo. Escuchando, y no imponiendo. No controlando, sino fluyendo.
Si lo que sucede es que hay un problema de bloqueo y cuesta relacionarse, el problema es de habilidades sociales. Hay centenares de profesionales en psicología que pueden ayudar a obtener y mejorar estas habilidades, con una diferencia fundamental con respecto a lo que enseñan las doctrinas de la “seducción científica”: lo enseñarán desde el respeto para contigo y para con los y LAS demás, a priori sin clichés de género y abriendo posibilidades a mostrarse como realmente se es. Ayudarán con todo aquello que bloquea como las inseguridades. Ayudarán a crecer. No obligarán a cómo ser, ayudarán a ser uno mismo.

Además sugiero que más que buscar manuales de comportamiento que se basen en un modelo de hombre patriarcal, que todo lo controla y que todo lo consigue (sean cuales sean los medios) se trabaje más en el modelo de hombre que se quiere ser. No me resisto a citar las palabras del compañero de profesión y trabajador de la masculinidad Rubén García Sánchez: “También existen talleres de Nuevas Masculinidades en los que los hombres se reúnen para pensar en cómo modificar su rol de género y tener mayor libertad de decisión sobre cómo quieren ser, dejando de lado la presión social. En este sentido, debemos agradecer la labor iniciada por profesionales como Erick Pescador y Luis Bonino. Buena parte de los trabajos de ambos está en internet: recomiendo no perderles la pista. […] Es posible que haya una forma más inteligente y bonita de hacer las cosas, para ti y para los demás» 3.

Irene

 

Referencias

1: Luna, M. (2007). Sex Code (pp. 198-199, 489, 131). Nowtilus.
2: VVAA. (2012). Masculinidades plurales. Reflexionar en clave de géneros (pp. 12). PNUD y Trama.
3: García Sánchez, R. (2013, 14 Agosto). [Blog «Eros» del diario «El País»]. Extraído de: http://blogs.elpais.com/eros/2013/08/que-nos-pasa-a-los-hombres.html

 

15 Comentarios

  1. fernando

    desde hace mucho tiempo he estado pensando en las dinámicas de conseguir pareja, todo lo que he leído trata de hacer variar los criterios de selección femeninos y van desde el aseo personal hasta la seguridad pasando por las ideas del macho alfa y no verse necesitado y veo con frustración que nada de eso es para mi, por que todo eso tiene como base que hay q mostrarse diferente o ¿cuando una mujer para una cita ha salido como realmente es? NUNCA, se pintan la cara, se fajan, usan ropa prestada de la amiga usan zapatos altos para mostrarse de una altura diferente a la real. por mi parte me toca rasurarme peinarme usar ropa nueva usar perfume lustrar mis zapatos y salir con ella a un restaurante que no puedo pagar todo intentando impresionar.
    suponiendo que todo sale como lo esperaba al poco tiempo veo su cara sin maquillaje su barriga sin faja su ropa casual y que no es tan alta como creía, ella ve que no me gusta rasurarme que voy a la peluquería cada 6 meses que nunca limpio mis zapatos que huelo a hombre y ambos descubrimos que estar juntos es producto de la falsa publicidad que ambos usamos y te dicen «no eres el hombre del que me enamore».
    El punto de esto es que yo puedo aceptar mujeres reales, si tienen un grano lo acepto, si son bajitas lo acepto, si tienen barriga lo acepto, por que es su mente y su sexo lo que me encanta. Pero yo no soy el único, existen otros 30 hombres asechando a esa misma mujer, tengo que buscar un factor diferenciador que la haga elegirme a mi y no al que es un excelente publicista sin que yo me rebaje a los mismos trucos.
    usted mujer que me lee, no se sabotee sola comience a contemplar la idea de tener un hombre real a su lado, si le gusta preguntar «me veo gorda» y espera que le digan «jamas te ves divina» tiene el mismo consuelo que un drogadicto en su pipa o mejor una respuesta real «te ves como eres, la mujer que me gusta»

    • Que bien Fernando,

      Me gusta lo que dices, pero te equivocas en algo: no tienes que tener nada que tenga otra persona para gustar a una mujer. Se tu mismo, y la mujer adecuada se enamorará de ti. No sirve de nada hacerse pasar por alguien que no eres… eso nunca funciona. Sin embargo, tu eres único en tu esencia. Eso es lo que te hace especial, no lo dudes 😉

    • Irene

      ¡Hola Fernando!

      Gracias por pasarte y comentar :).

      Es normal que una persona se arregle, se ponga guapa e intente realzar sus atributos para gustarle a una persona que le interesa. Pero presentas el descubrimiento de la realidad de la otra persona como un proceso desconsolador. Yo no creo que sea así. Ir conociendo a la otra persona, poco a poco, saber que cuando se levanta tiene ojeras de mapache, creo que es algo encantador. Tal vez el problema sea que proyectamos esa «perfección» que se nos muestra al principio como la realidad de la otra persona. Pero no creo que tengamos que sentirnos decepcionados cuando vemos cosas no tan «perfectas», porque descubrir lo imperfecto de la otra persona es descubrir a la persona como es, y esto es estar más cerca y unida a ella.

      Lo que comentas de restaurantes caros para impresionar, creo que deberías replanteártelo. Si no te lo puedes permitir no vayas ahí. Está bien que pienses en la primera cita, que lo vivas con ilusión y quieras que sea algo bonito, pero el hacer algo que no puedes permitirte no creo que sea lo ideal. Porque ahí estás proyectando que lo que quiere esa mujer es que la lleves a un sitio caro. Eso no lo sabes. Y si no puedes ir a un sitio caro y es lo que ella quería, y te deja de valorar por ello, creo que te hará un favor mostrándote su decepción, porque ¿quieres estar realmente por una persona que valora cuánto te gastas en ella?

      Como dice Minimol, lo que te va a diferenciar de los demás es quien tú eres. Ser tú mismo te acercará a personas que quieren estar contigo tal y como eres. Si te pones una máscara permanente es lógico que con el tiempo las mujeres se decepcionen: a nadie le gusta que muestres que eres de una manera y luego resulta que eres de otra. Simplemente sé tú mismo, es lo que funciona de verdad. Que no le gustarás a todas las mujeres, está claro. Pero a quien le gustes, le gustarás de verdad.

      ¡Un beso grande!

  2. No podría estar más de acuerdo (como ya sabéis la que me habéis en el post anterior sobre este tema). Sin embargo, algunas acotaciones desde mi mirada personal:
    1.- Ojalá [email protected] psicó[email protected] estuviéramos [email protected] libres de estereotipos de género. Sin embargo, antes que profesionales, somos personas y si no nos hemos trabajado, en lo personal, en lo político, las cuestiones de género, pus na… que a la hora de estar trabajando miedos e inseguridades en las relaciones erótico-afectivas, la ideología dominante, el patriarcado, pasará por «la verdad» sin filtros, sin darnos ni cuenta de que es eso lo que está en el trasfondo de cómo vemos el mundo (de las relaciones y el mundo a secas). Imagino que por eso habláis de «cientos» y de «a priori».
    2.- Olvidáis a un grande y pionero en cuestiones de masculinidad: Josep Viçent Marqués (Sí, sus libros son casi imposibles de encontrar, pero en la red hay cosas suyas)
    3.- Lo del orangután me ha resonado en eso que suelo repetir: «Si las mujeres quisiéramos un macho, tendríamos un mono; queremos -las que queremos eso, claro- un hombre y eso requiere trabajo de desarrollo personal permanente».
    ¡Uff, qué cansado estar todo el tiempo siendo otro del que soy! Lo que describís es la diferencia entre desnudarse (¡da frío, eh!) y descubrir quién soy y qué quiero mejorar en mí y enfundarse en un disfraz apretado tratando de creer que es mi propia piel. Me parece que todas las personas esperamos poder compartir con nuestra pareja la desnudez….

    • Irene

      ¡Hola Flavia!

      Por supuesto que los psicólogos no tienen por qué estar libres de estereotipos. Por eso puse «a priori», ya que la enseñanza de estas habilidades no tendría que variar en función del sexo sino en función de las carencias sociales de la persona (y no entré al tema por no enrollarme más, si entrara en todos los huequecitos esto sería más largo que la Biblia!).

      No conozco a Josep Viçent, gracias por la información :). Me centré más en los «manuales en boga».

      No sé si entendí bien el tercer punto. ¿Quieres decir que también es importante, además de saber quiénes somos, el saber disfrutar de la cama con nuestra pareja? Si es esto: ¡por supuesto! En mi opinión creo que una cosa lleva a la otra: el conocerse mejor, el saber mejor quiénes somos, qué queremos, etc., nos lleva a poder comunicarnos con mayor calidad, en cualquier plano (incluido el sexual) con los demás.

      ¡Un abrazo!

  3. El avispado Mario Luna lo que ha hecho ha sido leer dos o tres libros de divulgación sobre psicología evolutiva y ha decidido que es supercientífico eso de que en los genes de todas las mujeres está impreso a fuego el buscar determinados rasgos en los hombres con los que se aparean, por el bien de la supervivencia de su prole. El fallo garrafal es que está muy lejos de demostrarse que esto sea así, y, sobre todo, que esto implique que una mujer determinada en la sociedad española actual quiera acostarse con el mismo tipo de hombre con el que quería acostarse su antepasada de las cuevas de Altamira. Además de la herencia genética, de la que el señor Luna tampoco sabe tanto, está el tema de la expresión de unos u otros genes en función del ambiente (la epigenética), y está toda la cuestión de las conductas aprendidas, que no por no ser heredadas son menos intensas.
    Y la psicología evolutiva, por cierto, puede llevar a conclusiones de lo más ridículas cuando se toma a la ligera y se empieza a avanzar sin afianzar bien cada paso que se da. Hay quien dice, basándose en ella, que las mujeres llevamos bolsos porque la evolución premió, en los tiempos de caza y recolección, a aquellas hembras tendentes a llevar algún tipo de recipiente en el que guardar las bayas que cogían. Lógicamente, así podían alimentar más y mejor a su prole, sus genes pasaban… y sus hijas crecieron con la misma propensión a llevar bolsitos hasta la actualidad. El nivel científico de Sex Code es aproximadamente así.

    • Irene

      Amén Octubre. Gracias por tu aportación, estoy 100% de acuerdo contigo.

      ¡Un abrazo!

  4. Me encantó tu artículo, aborrezco los manuales de seducción tipo Cosmo! (pero para hombres, en este caso)

    • Irene

      jajaja cierto! Son como los manuales de la cosmo pero para «machos».

      Un beso!

  5. Me ha encantado Irene, te felicito.
    Esperemos que tomen nota.
    😉

    • Irene

      ¡Muchas gracias, guapa!

      x***

  6. Siento discrepar 🙂

    No voy a defender las malas prácticas ni las lecciones mal aprendidas de (por desgracia) muchos chicos, pero afortunadamente hay libros que de verdad son valiosos, los cuales te ayudan a empatizar con (ojo que está es la clave) el tipo de chica que a ti te gusta.

    Por otro lado, también es posible que un hombre pueda sentirse confundido y necesite un refuerzo en forma de conocimientos para lograr alcanzar la mejor versión posible de el mismo. La que el libremente quiere alcanzar, desvinculándose así te estereotipos.

    Resumiendo, sí que comparto la sentencia de que todas las chicas no sois iguales y de que hay mucha mierda publicada al respecto. No obstante me parece apresurado emitir un juicio de valor sin llegar a documentarse ampliamente con el tema. Puede que también hay muchos tipos de gente que quiere aprender a seducir a las mujeres y no sólo los borregos que mencionas 😉

    Un saludo.

    Jose

    • Irene

      Hola Jose :).

      Comprendo que son cosas distintas libros que traten la empatía y los manuales de los que hablo. Concretamente hablo de los que giran alrededor de la denominada «seducción científica». Vi que «Sex Code» era uno de los pilares de esta pseudociencia, por eso recurrí a él para hablar de esto. En ningún momento pretendí decir que cualquier libro que hable sobre las relaciones hombre-mujer sea despreciable, sino aquellos basados en la idea de hombre patriarcal. Hay libros que hablan de ello en clave de género muy interesantes, por ejemplo. De hecho el libro «masculinidades plurales» que cité habla de ello de una manera genial, enriquecedora para vosotros y nosotras. Porque se trata de trabajar sobre uno mismo y tratar con respeto a las demás.

      Seguro que hay libros más enfocados en fomentar la empatía y el conocimiento propio, cosa que no me parece nada mal. La educación emocional (para con una misma y para con los demás) es algo que se deja muy de lado, como si se supusiera que es algo que sale de manera natural; el pensar así trae muchos problemas, y cualquier apoyo REAL y alejado de clichés para enriquecer esta parte me parece muy útil.

      ¡Un beso!

  7. La mayoría de estos manuales (que no dejan de ser una reedición de ‘El arte de amar’ de Ovidio) no estan orientados tanto al hombre que busca una mujer afín como al que busca a CUALQUIER mujer. Y para atraer a la «mujer genérica» no cabe otra posibilidad que ser el «hombre genérico» (moldeado con el troquel patriarcal, por supuesto)

    En realidad no encontraremos en ellos ningún consejo realmente eficaz (porque no los hay). Básicamente consisten en una serie de pautas para empezar a perder la vergüenza y aprender a tomar la iniciativa. No se trata de un auto-perfeccionamiento, es simplemente aprender a multiplicar los intentos para multiplicar los éxitos. Y es que tener que cumplir el rol activo en la seducción produce una inmensa ansiedad en muchos hombres.

    • Irene

      ¡Hola Fran!

      Por suerte eso de que solamente vosotros toméis la iniciativa poco a poco está cambiando ;).

      Estoy de acuerdo con lo que dices: no hay consejos eficaces, hay una serie de «estrategias» para ver si alguna cuela… En fin, manuales de cómo ser el perfecto hombre dominante patriarcal, lo que se tiene que ver.

      Beso :).

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